jueves, 23 de diciembre de 2010

GUIÑOS REPUBLICANOS

Desde la proclamación de la I República hasta su caída, en todas las ciudades y pueblos se produjeron cambios simbólicos que, debido a su visualización o vocalización repetida, sirvieron para no sólo conmemorar el acontecimiento del cambio del régimen sino para la propia aculturación de la población.



Por supuesto, todas las calles con toponimia borbónica, ya de la Casa Real ya de la Casa de los Orleáns-Borbón desaparecieron del nomenclator y trocaron de nombres. Algunas de éstas habían sufrido el cambio con anterioridad a la proclamación de la República. Aún no habiéndose podido con los nombres tradicionales, ni con el peso de la costumbre volvieron a recibir nuevas cartelas y denominaciones. La plaza del Pradillo (de San Juan) se llamó Plaza de la República (1932); la Calzada de la Infanta se denominó con el nombre de un republicano de raíces burguesas: Paseo de José Colom y Víctor; así como la calle de la Victoria donde tuvieran la casa matriz la potentada familia heredera de Eduardo Hidalgo Verjano, se llamó José Hidalgo Colom, personaje republicano y de convicciones religiosas similares al anterior, y probablemente masón. La emblemática Calzada (que se había llamado de la Reina la Mercedes) se transforma en Avenida de la Republica.

Nombres figuras políticas del ámbito nacional también dejaron su rastro en el callejero sanluqueño: Salieron en la anterior Plaza de San Francisco, Pí y Margall en la calle Ancha; los escritores o filósofos como Blasco Ibáñez en el carril de San Diego y Carlos Marx en la Plaza de Madre de Dios. Dos fechas gloriosas para el nuevo régimen dieron nombre a la calle San Nicolás: Dieciséis de Febrero; y a la de San Agustín: Seis de Octubre.

También fueron reconocidos los republicanos locales. Patricio Caparro (en la anterior calle Pirrado), Liberato González Talavera (Plaza de la Aduana) y numerosas figuras como Luis Sirval, Istrati, Diego Gallego, Sargento Vázquez, José María Martínez, Ferrer Guardia. Sólo una mujer dio nombre al callejero sanluqueño: Aida Lafuente al viejo Carril del los Ángeles).

El doce de junio del 31 ya había el Ayuntamiento acordado que se cambiaran los símbolos monárquicos del escudo de la ciudad a propuesta del primer Teniente Alcalde Elicio Serrano – que en 1925 recibió permiso del Ayuntamiento para levantar un quiosco en la plaza de Alfonso XII o del Cabildo “pro cultura pública” para la venta de librería y prensa; quien fue fusilado tras el triunfo del “Movimiento Nacional”-. La corona mural sustituía a la real: la puerta principal de la Plaza de Abastos probablemente cambiara el escudo -hoy subsistente- así como la cartelería municipal que anunciaba las “hermosas playas y el verañeo” de Sanlúcar. Curiosamente hasta el 36 había permanecido el escudo monárquico del techo del salón de actos del ayuntamiento donde hasta la rehabilitación del edificio para biblioteca figuraban la Corona, el toisón y las tres flores de lises, pues el trece de marzo el sexto Teniente Alcalde Pablo Repetto Rey instaba para que desaparecieran dichos símbolos.

Otro hecho podría interpretarse como laicismo a través del silencio o abstención (y la no asistencia del alcalde a este acto) con la iglesia local se produce cuando se instruye por el Ayuntamienteo una instancia presentada por el sacerdote José María Márquez León para colocar una lápida en la casa puerta que habitó el Arcipreste José Fariñas Anayaen la calle de su nombre
En el transcurso de este periodo los sanluqueños vieron como veintiséis calles trocaron sus nombres. Así pues, el 21 de mayo de 1.931, la Plaza del Cabildo se llamó, de la Libertad; la Calle Ancha mudó en Pablo Iglesia, la Calle San Juan en Alcolea, y la Calle de la Bolsa o Infanta Eulalia tomó el nombre de Hermanos Martínez Nuñez.

Como hecho realizado en la Calzada de la República (después del Ejército, hoy de la Duquesa) por la sección de obras públicas del Ayuntamiento hay que mencionar el cercado de esta avenida por ambos lados en 1935, cuyas paredes se proyectaron para numerosos anunciantes, de los cuales veinticuatro fueron de vinos y manzanilla.