viernes, 31 de diciembre de 2010

GALERÍAS MIRADORES

Si damos una vuelta por Barrio Alto de Sanlúcar recorriendo tanto la barranca que sería como un natural lienzo de muralla de la vieja Sanlúcar, como si seguimos su trazado por la calle Almonte y Caridad nos sorprenderán los vestigios de un elemento de la arquitectura doméstica vinculada al patriciado urbano del siglo XVIII que han tomado entre otros modelos el Palacio de los duques de Medina Sidonia. Se trata de las galerías miradores, unidas al jardín y planteadas para ver y ser vistas desde la calle. Estas logias se abren en la crujía trasera de la casa, orientadas algunas veces al jardín escarpado y extendiéndose hasta barranca.
Sus moradores quisieron hermosear estos “belvederes” dando tanto a la galería alta -que es la excepcional- como a la baja un tratamiento formal rico en su composición; sin regateos. Colocan danzas de arcos -sobre columnas y pilares- abiertos y con barandillas o pretiles.
El precedente de logias esta en el palacio ducal.

En la zona sur, concretamente en el apeadero o picadero donde los carruajes entraban por la Cuesta de Belén, ya encontramos una galería alta y baja con arcadas de columnas. Pero sin pretil desde donde se divisa no sólo el propio picadero, sino el jardín y una panorámica de Sanlúcar hacia el mar. Ya menos retranqueda de la muralla y al este del Palacio frente al mar, el palacio nos ofrece diversas galerías,

algunas siempre debieron estar abiertas para mirar y otras cerradas haciendo la función de naves de almacenamiento u otros usos.

Sin embargo la gran galería se ubica al norte y mirando al jardín en todo su esplendor renacentista.





Presentan este elemento la casa de los Wadding-Asthey (hoy Palacio Municipal), la de las Marqueses de Blegua (Casa de Maternidad/Cruz Roja) en la calle de Almonte, y la casa del Pelícano en la calle Caridad.




Galerías miradores de la antigua Casa de Maternidad


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Tanto la casa de los Bleguas (Cruzaso de Mendoza/Mergelina/ Maternidad) como la del Pelícano (Grirtialdi/de la Piedra/Angulo) han cegado estas arcadas. Se conservan abiertas las arquerías del Palacio Municipal. Antes de ser casa de los Wadding, tenía su fachada principal por la calle de Almonte, así como el jardín en suave pendiente ascendente; pues por delante, hoy jardín anterior del Palacio, corría el estrecho callejón de Colarte y una manzana de casas -absorbido uno y derribada la otra por los Montpensier- desde donde no se apreciaría el alto belvedere. Probablemente la casa de les Paéz de la Cadena, también incorporada al Palacio, tuviera esta misma disposición.
Trasera de la Casa del Pelícano

Detalle de la portada de la casa de la calle Caridad, denominada
del "Pelícano", pues este símbolo que representa a Cristo aparece
en el centro del entablamento.


Y de los jardines de esta zona además del palaciego, sólo se conserva el de la casa del Embajador Gutiérrez Agüera, agregación de varios jardines colindantes, alrededo de una casa del último tercio del siglo XIX, casi cuatro mi metros con acceso a Almonte, Baños y Ganado.

Galería mirador Casa de Arizón



También de enorme interés es la “loggia” de Casa Arizón, situada en la zona construida en el siglo XVII, desde donde se divisa el apeadero, al cual se entra por la puerta con escudo de la calle Divina Pastora
Con la misma determinación topográfica, barranca/muralla/jardín, carecen de galería alta en el “piano nobile” y las casas en la misma línea que llegan al Carril de los Angeles; por ejemplo la casa trilliza de los Marqueses del Pedroso -calle Eguilaz. Tampoco se detecto esta galería alta mirando al jardín, en el de la esquina calle Descalzas/Misericordia perteneciente a la casa de Pepita Tudó de Godoy, ni en la lindera Misericordia/Trillo, antigua casa de Comisiones Obreras (conservada su fachada, aunque parte del mencionado jardín pudiera haberle pertenecido).
No aparece esta logia alta en las casas a pie de barranco y jardín trasero ascendente: casa de Ledesma -calle Carmen-, antiguas casas de la calle Alcoba, casa de Vargas Machuca -calle Trascuesta-, casa de los Díaz de Saravía -Carril de San Diego, hoy colegio de las Pastoras-. Ni tampoco en los jardines de planta décimonónica, en llano y ládeando a la casa o haciendo esquina, que en el alto de la crujía lateral abren cierros balcones con molduras; y en cambio dan un trata miento formal diferente al enverjado del jardín: casa de Gutiérrez Aguera/García de Velasco/Rabadán en calle Ganado, o la del Conde Aldama/Florido en calle de la Plata- etc. Lo más usual es el galería baja, y solía usarse como jardín trasero en llano, que algunas veces tiene acceso por una galería baja y solía usarse como ante comedor de veranó.
Derivan todos de la casa primitiva de la villa que en su parte posterior colocaba el corralón con establo, lavadero, pocilgas, huertecillo, arriates, abrevadero, excusado etc; lindero por su fondo con otro corralón perteneciente a la casa que abriera su portada al otro lado de la manzana. El corralón se irá sustituyendo, por tanto por un jardín interior, luego ampliado mediante agrupaciones. La casa del Kilómetro (Otaolaurruchi Munilla/Garcia-Monje), casa de La Cave/Nudi/Hacienda en calle San Juan, y Moreda/Manjón en Pradillo-Ganado y otras conservan su jardín interior, casi no visible desde la calle.

lunes, 27 de diciembre de 2010

LA CASA BARROCA

Iniciamos este artículo de Recóndita ciudad con unos apuntes sobre las características generales de la arquitectura doméstica del siglo XVIII, se va perfilando en la centuria anterior con la ampliación de fachada, aumento de vanos y creación de patios principales. Caserío que inunda nuestras calles formando una parte importante de nuestro patrimonio cultural. En otros números abocetaremos, casa por casa, la descripción formal de sus elementos, así como la intrahistoria que reflejan el modo de vida de sus distintos moradores.




Podríamos afirmar que la casa barroca del siglo diecisiete es la casa tradicional por excelencia en Sanlúcar, al menos en las capas más elevadas de la población. Se prolonga y toma nuevas funcionalidades en el siglo siguiente, aparte de la de ser habitat. Adopta otros elementos barrocos en sus portadas, pero injerta también notas clasicistas sobre todo en la volumetría y en la distribución de espacios, que nada tiene que ver con el neoclásico isabelino del siglo romántico. En la casa dieciochesca han desaparecido ya las portadas apeaderos con acceso a un patio secundario de caballerizas.




Tanto el alto como el barrio bajo conserva estas casas, si bien en aquél se aprecia mayor número, en una diferencia porcentual de casi diez. En general, presentan dos plantas con cubiertas de tejado árabe de seis y medio a poco más de ocho metros de altura. Pueden tener una tercera planta de menor altura que las anteriores, el sobrado o “soberao”, donde también se abren balconcillos, y en cuyos tejados, en contadas ocasiones, se insertan unas buhardillas miradores o mansardas. En la crujía exterior, puede erigirse una torre mirador, que generalmente suele crecer desde la segunda planta en la línea de fachada.




La planta baja gana mayor altura que la alta, pues el comerciante mayorista la emplea para depósito de mercancías, vinos y aceites etc. Con poca frecuencia, esta planta abre unas ventanas altas bastante alejadas del suelo bien para la ventilación del almacenado, o para luz, necesarias cuando se introduce un entresuelo con función de oficina o de secadero de grano -idéntica función que el soberado-.
Por la parte superior, carece la casa barroca originaria de pretil o antepecho en la línea de azotea. En posteriores remodelaciones, incluso se coloca sin aplanar techumbre, escondiendo su tejado a dos aguas.
La casa barroca, siempre atemperada ornamentalmente, deriva de la renacentista que, a su vez retoma desde su interpretación de lo grecolatino el modelo morisco andalusí. La casa barroca mantiene el zócalo en la parte inferior, que pervivirá en el pasar del tiempo, variando en altura y tipo de material.







Los huecos del muro exterior tienen las mismas proporciones en ¡as dos plantas, son amplios en superficie y separación entre ellos. Los cierros están enrejados, o a ras del muro sobre, o sobre una larga bandeja de notable vuelo si se comparan con los de la casa decimonónica, la que, además, añade miradores y pequeños balcones con caja de madera acristalada. También se rodean con un marco de suave resalte de unos treinta y cinco centímetros.
Sobre la portada, se coloca un gran y a veces único balcón de doble largo y mayor vuelo que los cierros. De la bandeja de los balcones, salen como ramas de hojarascas jabalcones de hierro forjado -en algunos casos-. Los balcones pueden coronarse con guardapolvos de pizarra con filigranas de hierro y escuadras con cantos en roleos al igual que los cierros.
En líneas generales, dos tipos de portadas, sobre las que recae el balcón principal, conviven en el siglo de las luces: la tradicional de ladrillo enfoscado y en resalte simple formando una letra hache de brazos cortos, atravesada por un moldurón; de ésta deriva otra de resalte compuesto que, o bien se rodea con moldura (rota en el centro del dintel con una cartera para colocar el móvil blasón), o bien se le añade un friso-cornisa con canecillos cúbicos -dentículos-, o la suma de ambos.




Y la barroca dieciochesca conjuga tres variantes según formas y material: la apilastrada (dos pilastras con cimacio -de orden compuesto- que sustentan un friso más entablamento volado que recoge la bandeja del balconaje) y con molduras mixtilíneas alrededor del hueco, ya de ladrillo -casa trilliza de Pedroso en calle Eguilaz, o la de Arizón-, ya de piedra que incluso bordea el hueco del balcón principal como la casa de Ledesma (calle Carmen esquina Carril), la del Pelícano (calle Caridad). Y la portada con el mismo esquema anterior, pero con pedestal más columnas semiexenta: Casa Consistorial, la de Gómez de Barreda, la de Monteros, etc.

jueves, 23 de diciembre de 2010

GUIÑOS REPUBLICANOS

Desde la proclamación de la I República hasta su caída, en todas las ciudades y pueblos se produjeron cambios simbólicos que, debido a su visualización o vocalización repetida, sirvieron para no sólo conmemorar el acontecimiento del cambio del régimen sino para la propia aculturación de la población.



Por supuesto, todas las calles con toponimia borbónica, ya de la Casa Real ya de la Casa de los Orleáns-Borbón desaparecieron del nomenclator y trocaron de nombres. Algunas de éstas habían sufrido el cambio con anterioridad a la proclamación de la República. Aún no habiéndose podido con los nombres tradicionales, ni con el peso de la costumbre volvieron a recibir nuevas cartelas y denominaciones. La plaza del Pradillo (de San Juan) se llamó Plaza de la República (1932); la Calzada de la Infanta se denominó con el nombre de un republicano de raíces burguesas: Paseo de José Colom y Víctor; así como la calle de la Victoria donde tuvieran la casa matriz la potentada familia heredera de Eduardo Hidalgo Verjano, se llamó José Hidalgo Colom, personaje republicano y de convicciones religiosas similares al anterior, y probablemente masón. La emblemática Calzada (que se había llamado de la Reina la Mercedes) se transforma en Avenida de la Republica.

Nombres figuras políticas del ámbito nacional también dejaron su rastro en el callejero sanluqueño: Salieron en la anterior Plaza de San Francisco, Pí y Margall en la calle Ancha; los escritores o filósofos como Blasco Ibáñez en el carril de San Diego y Carlos Marx en la Plaza de Madre de Dios. Dos fechas gloriosas para el nuevo régimen dieron nombre a la calle San Nicolás: Dieciséis de Febrero; y a la de San Agustín: Seis de Octubre.

También fueron reconocidos los republicanos locales. Patricio Caparro (en la anterior calle Pirrado), Liberato González Talavera (Plaza de la Aduana) y numerosas figuras como Luis Sirval, Istrati, Diego Gallego, Sargento Vázquez, José María Martínez, Ferrer Guardia. Sólo una mujer dio nombre al callejero sanluqueño: Aida Lafuente al viejo Carril del los Ángeles).

El doce de junio del 31 ya había el Ayuntamiento acordado que se cambiaran los símbolos monárquicos del escudo de la ciudad a propuesta del primer Teniente Alcalde Elicio Serrano – que en 1925 recibió permiso del Ayuntamiento para levantar un quiosco en la plaza de Alfonso XII o del Cabildo “pro cultura pública” para la venta de librería y prensa; quien fue fusilado tras el triunfo del “Movimiento Nacional”-. La corona mural sustituía a la real: la puerta principal de la Plaza de Abastos probablemente cambiara el escudo -hoy subsistente- así como la cartelería municipal que anunciaba las “hermosas playas y el verañeo” de Sanlúcar. Curiosamente hasta el 36 había permanecido el escudo monárquico del techo del salón de actos del ayuntamiento donde hasta la rehabilitación del edificio para biblioteca figuraban la Corona, el toisón y las tres flores de lises, pues el trece de marzo el sexto Teniente Alcalde Pablo Repetto Rey instaba para que desaparecieran dichos símbolos.

Otro hecho podría interpretarse como laicismo a través del silencio o abstención (y la no asistencia del alcalde a este acto) con la iglesia local se produce cuando se instruye por el Ayuntamienteo una instancia presentada por el sacerdote José María Márquez León para colocar una lápida en la casa puerta que habitó el Arcipreste José Fariñas Anayaen la calle de su nombre
En el transcurso de este periodo los sanluqueños vieron como veintiséis calles trocaron sus nombres. Así pues, el 21 de mayo de 1.931, la Plaza del Cabildo se llamó, de la Libertad; la Calle Ancha mudó en Pablo Iglesia, la Calle San Juan en Alcolea, y la Calle de la Bolsa o Infanta Eulalia tomó el nombre de Hermanos Martínez Nuñez.

Como hecho realizado en la Calzada de la República (después del Ejército, hoy de la Duquesa) por la sección de obras públicas del Ayuntamiento hay que mencionar el cercado de esta avenida por ambos lados en 1935, cuyas paredes se proyectaron para numerosos anunciantes, de los cuales veinticuatro fueron de vinos y manzanilla.




miércoles, 22 de diciembre de 2010

LA CASA DE "MUEBLES MUÑOZ"

La casa de la empresa “Muebles Muñoz” esta situada en la calle San Juan haciendo esquina con la de Ruiz de Somavia o antigua calle del Mirador de Madre de Dios, y ha sido restaurada por el propietario de la empresa, Manuel Muñoz, y consolidada al dársele una función comercial, con el criterio restaurador de la "mínima intervención"; de modo que hemos ganado otra gran casa para el patrimonio cultural de Sanlúcar. La única falta en esta restauración resulta de haber añadido ina tercera planta por la crujía recayente a calle Mirador, habiendo eliminado su antiguo tejado, aunque no se ha producido una fuerte disonancia visual.
Desde 1756, hay noticias de esta gran casa, que pertenecía al gran comerciante con América y político local: Félix Martínez de Espinosa (la casa matriz de los Martínez era la de la calle Descalzas, conocida como la de Godoy). Se describe como vivienda con alto y bajo de veintiséis varas de frente y cincuenta y ocho de fondo. Lindaba por la calle San Juan con la de la capellanía de Catalina Romero Eón del Porte y por la calle Mirador con cinco casas más de Martínez de Espinosa hasta limitar con la casa grande de la Plaza de la Victoria. Comprendía cuatro bodegas con cabida para 4.560 arrobas de vino, hoy inexistentes.




Posiblemente fuera por entonces la típica casa tradicional de tres amplios huecos exteriores en cada planta y con el interior centrado por el patio, lo raro es que tuviese la escalera de dos tramos en la crujía trasera, poco propio del siglo XVIII.
En 1868 la adquiere el comerciante y constructor onubense Antonio Lazo Rebollo, transformándola dos años después, como lo indica el juego poligonal de lozas en el suelo de la casapuerta (A.L). Abrió cinco huecos en las dos primeras plantas y en la tercera o granero nuevo, separando el paño de fachada con pilastras almohadilladas y pareadas sin capitel en la primera planta. La segunda hasta la cornisa y el antepecho se unían con pilastras acanaladas con capitel, generando un aspecto externo fastuoso. Dan relieve a la casa, además de las pilastras, los juegos de molduras de la cornisa, de las ventanas del “soberao”, las que separan éste con el piso principal, la de los huecos de los balcones, y la de las bandejas de cierros y balcones, dándosele un tratamiento especial a la del balcón principal donde se juega con molduras lineales y curvas, con semejante trazado del herraje de la barandilla en hierro moldeado, pero muy recargado




La crujía de la fachada avanza por la calle Ruiz de Somavia hasta seis metros, y mantiene el esquema de las calles extremas de la fachada: cierro bajo con escaso vuelo en el bajo, cierro de caja de madera con amplio vuelo en el piso principal y ventana con arco escarzano en el tercer piso. No obstante la casa se prolonga por esta calle otros diecinueve metros más, formando otra crujía de dos pisos cubiertos con tejas a dos aguas y abriendo al exterior en el primero varios balcones de mayor sencillez que los de la fachada y en el bajo ocurre lo mismo con los cierros que se interrumpen por la gran puerta de la cochera. Siendo de veinticinco metros tanto la fachada principal como la lateral se observa el distinto tratamiento decorativo.
Pero un elemento que define a casas y bodegas de estos años de 1870, coincidiendo con la restauración monárquica y un alza económica de Sanlúcar, es el abrir ventanas con suaves arcos escarzanos y así lo vemos en la casa del Ministro Malcampo en la calle Santo Domingo, pegando con la Iglesia de San Nicolás; en la bodega de “Vinícola Hidalgo” de Banda de la Playa o en la de González en la de la Plata.
Llama la atención el espléndido patio de cuatro galerías a su alrededor con ocho columnas con dos arcos muy rebajados en cada lado, y otros arcos de medio punto que danzan hacia la pared. En el piso alto, las galerías también se sostienes con arcos escarzanos, pero sostenidos por pilastras. El patio mide ciento treinta y dos metros cuadrados, óptima medida para una casa con superficie de setecientos ochenta metros cuadrados. Este patio se cubre con lozas de mármol blanco, que alternan con otras negras de distinto material. También se hacen notar los techos de la casapuerta, las habitaciones principales y de la escalera principal, pintados con motivos alegóricos que le dan calor y colorismo. Hoy día restaurados por su actual propietario.
Después de los embargos de la casas sufridos por Antonio Lazo y sus herederos, pasa a Manuel Hidalgo Colom (padre) en 1912 como indica el arco superior de la cancela decimonónica y le añade algunos elementos decorativos modernistas en las cristaleras de colores de las galerías altas –cerradas con hierro con dos arcos en cada tramo de galería, decoradas con abigarradas guirnaldas- y en la montera. Es probable que también recubriera las paredes de las habitaciones bajas y del propio patio con bellos azulejos, propios para evitar la humedad.
Resulta muy hermosa y con el sabor de la casa primigenia la cochera cuyo techo luce la viguería, de madera noble como deben de ser las ocultas por los techos rasos pintados.
Por estas fechas la casa ha disminuido de dimensiones, que son las actuales y pocas reformas se hacen, sólo obras de mantenimientos y así la hereda Manuel J. Hidalgo Colom (hijo) y la recibe en donación su hija Dolores Hidalgo Otaolaurruchi que la vende al actual propietario.

LA CASA DE MUÑOZ (2). LOS MARTÍNEZ DE ESPINOSA.

Esta casa de estilo neoclásico, pudo ser proyectada por el que fuera arquitecto municipal Baldomero Botella, autor entre otras casas de la de Vila en la calle Bolsa-Capillita, aunque a diferencia del resto del caserío de este estilo, más sencillo, presenta un aspecto más en línea con el mismo estilo civil de Cádiz.
Nos informa sobre esta familia el historiador Velásquez Gaztelu en su Catálogo de personas ilustres y notables de Sanlúcar de Barrameda. De Mateo Martínez de Espinosa, fundador se la familia en esta ciudad, nos apunta que fue un “opulento negociante de esta ciudad, de quien hay muchas memorias en los libros capitulares…que comienzan en cabildo de diecinueve de septiembre de 1712”. Entre sus varios hijos, el primogénito llamado Félix desempeñó el cargo de Contador de lo público, con voz y voto de Regidor Perpetuo, por la que anualmente cobraba 88 reales de vellón que se lo pagaba la ciudad de sus propios, y percibía por lo mismo en concepto de utilidades 825 reales.
Entre sus obras como miembro del Ayuntamiento destaca su intervención en la construcción del Mercado de Abasto, donde se le recordaba en una antigua lápida en la pared de las Covachas, al pie del jardín ducal: 1.744.-Reinando la Católica Majestad del Rey Nuestro Señor Don Felipe V: Siendo Gobernador de lo Político y Militar de esta plaza el brigadier don Salvador José Roldán y Villalta, esta novilísima ciudad atenta al mayor beneficio de su pueblo, hizo edificar estas oficinas, fijando su dirección a la aceptación y conducta de sus diputados don Francisco Lucas de Ledesma, del Consejo de S. M. caballero de la Orden de Calatrava; don José García Poedo y don Félix Martínez de Espinosa, regidores perpetuos de ella, y se concluyeron el año de 1744.
Como hombre del comercio alcanzó el más alto grado en el Consulado de Cargadores a Indias, Prior, en 1781. A esta asociación mercantil, con Tribunal de Justicia que entendía en materia comercial, y que casi dirigía el monopolio sevillano y luego gaditano con América al que perteneció una minoría dirigente, cuyos líderes podían reducirse a un grupo de 90 personas. También se les llamó cargadores-cosecheros y cargadores-hacendados pues comerciaban con sus propios productos: vinos, aguardientes, vinagres y aceites, por lo que estaban dominando propiedad, producción y actividad mercantil. Este es el caso de Félix Martínez de Espinosa, quien poseía 87.5 aranzadas de tierra en La Palmosa, donde tenía plantado olivar, viña y sembraduras de trigo y con su casa de campo para la gente trabajadora compuesta de vivienda alta y baja con colgadizo y lagares; así como tierras en Monte Olivete con las mismas siembras, casa de campo con bodega de cabida de 3000 arrobas y cuatro almacenes de aceite y molino de aceite.
Casó en segundas nupcias con la portuense de ascendencia flamenca (Lieja) Ana María de Wintuysen. Compró enterramiento en la Iglesia de la Merced (Capilla del Espíritu Santo), en donde sólo se enterraban hasta entonces los altos cargos administradores de la casa ducal de Medina Sidonia. Así, este panteón perteneció a Guillermo Grifarte, veedor y agente general de la Casa de Guzmán, pero al morir sin sucesión, la comunidad de los mercedarios la vendió a esta nueva familia. Félix Martínez de Espinosa Wintuysen en 1784 gravó la casa de la calle San Juan y cuatro más pensando en el enterramiento y almas de su familia: Primero, la entrega de tres arrobas de aceite cada año al Convento de la Merced para que de día y de noche estuviera perpetuamente encendida la lámpara de su capilla del Espíritu Santo; segundo, tres pesos de a quince reales de vellón para la limosna de tres misas cantadas cada año perpetuamente en la Capilla, una en el día primero de Pascua del Espíritu Santo, otra el dos de mayo festividad de San Félix y la otra el día de Santa Ana por sufragio de las almas de sus padres y otras intenciones. Además los herederos del Vínculo y Mayorazgo de Martínez de Espinosa quedaban obligado a mandar celebrar quince misas rezadas el día de aniversario de su fallecimiento o el de su esposa, cuatro reales de vellón por misa y también diez ducados para las honras fúnebres, poniendo la cera el Convento de mercedarios. Se valoró este censo en 1868 en 27.780 escudos, y fue redimido en 1905 con el nuevo valor de 1791 pesetas y 66 céntimos, a favor ya no de los mercedarios, desamortizados y exclaustrados, sino de los herederos propietarios de la Iglesia, cuyo fundador había sido Manuel Alonso Pérez de Guzmán, los Marqueses de Villafranca.
Entre los bienes de Feliz Martínez de Espinosa (1752), además de las casas de calle San Juan y Mirador contaba con otras en Calle Descalzas (conocida como la de Godoy), en calle San Juan de Dios. Sus rentas anuales como cargador a Indias ascendían a 15.000 reales de vellón, siendo el décimo quinto más rico con igual renta que Felipe del Villar, José Barrero o Teresa Monge Arizón. En la lista de cargadores se sitúa el primero Salvador Arizón con ingresos de renta por valor de 120.000 reales de vellón, y el segundo Manuel Rodríguez Pérez con la mitad.
Entre sus hermanos (José-clérigo de menores- Isabel, Agustina, y Teresa, madre del ilustrado Lucas Marín Cuvillo), Juan fue su teniente en el oficio de Contador de lo Público y compartía con los demás hermanos casa en la calle Descalza lindera con la de Feliz. Aquél casó con María Carrillo y Novela, hija del regidor Diego Carrillo. Ambos tuvieron hijos marinos.
Miembro de esta familia fue Juan José Martínez de Espinosa (1826-1892), que estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y fue discípulo de Juan de Ribera. Desempeño la Cátedra de Teoría e Historia en dicha escuela y presidió el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Participó en las exposiciones nacionales de 1856, 58 y 60; y en las universales de París, Londres y Madrid, obteniendo medallas y menciones honoríficas. Su obra: La muerte del capitán Romero en el sitio de Zaragoza estuvo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Practicó el aguafuerte y fue autor de láminas de grabado, publicadas en revistas. Murió en Cádiz.
El último morador de esta casa fue Juan Nepomuceno Martínez de Espinosa que la vendió al gaditano Manuel Matheu Parody en 1861 y éste siete años después a Antonio Lazo.

DE LAZO A HIDALGO.

Lazo pagó por esta casa junto con las cinco colindantes 27.780 escudos, pero ya en 1887 las hipoteca tras recibir un préstamo de 40.000 ptas. A pagar al ocho por ciento en cinco años a favor Antonio Pérez de Nueros Páez de la Cadena. En el mismo año, toma en préstamo otras 35.000 ptas e hipoteca las fincas antedichas más ocho más, esta vez por tres años y al nueve por ciento y a favor de Antonia Núñez Harana –madre del bienhechor de la Iglesia, Antonio Picazo Núñez-. Cancela sus hipotecas en las fechas correspondientes.
La ruina de Antonio Lazo Rebollo es patente y sufrirán las irreversibles consecuencias sus herederos, cuando murió en 1891 a los 66 años en la casa de San Juan 24. El hijo de Alosno (Huelva), emigrado a Sanlúcar tal vez en busca de oportunidades lejanas a las minas, aquí había empezado su carrera comercial y de constructor y la culminaría en 1889 al ocupar en número veintiuno en la lista de los mayores contribuyentes a la hacienda local. En 1876 pagaba impuesto por la casa de la Calle San Juan 14, las de Mirador 3, 5, 7 y 9, por otras en calle Pescadería 15, Palomar 6, Bolsa 33, Santo Domingo 11, Mar 3. También contaba con una bodega en Pescadería 8, ahora bien desconocemos si se dedico al negocio del vino, lo que esta claro es que carecía de viñas.




En 1894, las casas de la calle San Juan y las de Ruiz de Somavia más otras ocho fincas caen en embargo preventivo a instancia de Juan Argüeso Gutiérrez, Francisca Díez Argüeso, Manuel e Isabel Argüeso Lucio –eran los herederos de León de Argüeso y de sus herederos, que continuaron con el negocio financiero del burgalés. La viuda de Lazo, Lucía Morón, y sus hijos quedaron embargados por no responder a su deuda de 610.425 ptas., frutos del préstamo. En 1911 se sacó a subasta las casas, pero al no presentarse postores, se volvió a sacar a subasta con la baja del 25%, presentándose como único postor Rogelio Fernández del Collado y ofreció por la finca 27.615 pts., que las remató en el acto y a nombre de Manuel Hidalgo Colom (padre). La finca, deducidas las cargas, se liquidó en 24.248 pesetas.
El nuevo morador de la casa de la calle de San Juan, Manuel Hidalgo Colom pertenece a la tercera generación de su familia, la cual fue fundada en Sanlúcar por José Pantaleón Hidalgo Bustillo (1779-1825), a diferencia de otros montañeses fundadores de empresas vinícolas que iniciaron su andadura comercial con el típico almacén-taberna, éste presenta otro perfil. Nacido en el Valle de Castañeda (Santander), se instaló en Sevilla, al amparo del negocio de imprenta y venta de libros que detentaba un tío suyo, y que en 1864 giraba con el nombre de “José Hidalgo y Compañía”, sita en la calle Génova. Su ideología liberal y afrancesada le llevó no sólo a vender libros prohibidos, sino también a colaborar con los invasores franceses, para los que abrió una biblioteca. Con el restablecimiento del absolutismo, perseguido por la Inquisición, y dadas las duras represalias contra los liberales, se refugió en distintos lugares, hasta llegar a Sanlúcar. Sin dejar la imprenta sevillana, en donde contaba con un socio, y de la que fructificó un gran capital, compró en 1818 la casa-bodega de la Plaza de la Victoria, en la que posteriormente construiría dos bodegas más.
Durante catorce meses estuvo casado con la gallega Fermina Verjano, que le dio un hijo póstumo. A su muerte, sus bienes se valoraron en 1.908.019 reales, siendo una tercera parte el valor de la imprenta y librería. Su viuda con los bienes que heredó (381.603 reales), junto a su suegro Roque Verjano, administraron y acrecentaron esta fortuna y la de Eduardo Hidalgo Verjano (1825-1889) como mínimo hasta 1850 que madre e hijo constituyen una sociedad. Con la compra de la Hacienda de Miraflores entre 1852 y 1865 y otras fincas rústicas, pasa Hidalgo de productor y almacenista de vinos a cosechero. Igualmente se introduce en la ganadería, y en el negocio de las salinas, al tiempo que explotan tierras de otros propietarios (Cortijo de Évora y Mahína), invierten en inmuebles urbanos, tanto casas como bodegas.
En 1876 ya era Eduardo Hidalgo el mayor contribuyente a la hacienda local, siendo su activo alrededor de 22.572.8530 reales. Pero paralelamente a su dedicación a los negocios, lleva desde 1854, que fue concejal, una activa vida política. Durante el Bienio Progresista fue nombrado Capitán Comandante de Caballería de la Milicia Nacional (1855) y a los dos meses fue condecorado como Caballero de la Orden de Carlos III, a la que renuncia en 1870 tal vez por sus sentimientos republicanos. Lideró la revolución del 68 más antimonárquica que progresista, más festiva que real, presidiendo la Junta Interina Revolucionaria y luego el Ayuntamiento. Se mantuvo en el partido liberal, llegando de nuevo a la Alcaldía de Sanlúcar en varios mandatos. Protagonizó como Alcalde el acontecimiento grande de la inauguración del ferrocarril en 1877.
Su labor como hombre de empresa vitivinícola fue reconocida, pues en 1883 preside la asociación de “Vinateros unidos de Sanlúcar de Barrameda”, probablemente la primera de esta naturaleza.
En 1889 muere, dejando en testamento a su viuda un tercio de sus bienes –a los que renunció Josefa Colom-, más en concepto de gananciales 2.476.860 pts., de donde dona a cada hijo 40.000 pts., el resto de la herencia queda repartida entre sus diez hijos. Parte de estos bienes quedan reunidos en la sociedad vinícola “Viuda e Hijos de Hidalgo y Cía.”.
A partir de entonces toma protagonismo empresarial Manuel Hidalgo Colom (1860-1924), que ya en 1881, junto a su hermano José establecieron un negocio de exportación de vinos financiado por su padre, curiosamente ambos fueron también concejales, uno en 1893 y otro en 1897. Por 1906 giraba a su nombre la imprenta sevillana de su abuelo. Procuró mantener la sociedad familiar aunque fuera con cuatro de sus diez hermanos y así se constituyó en 1909, ya muerta su madre, la compañía reguladora colectiva “M. Hidalgo y Cía.”, en donde llevó la dirección durante catorce años. Por otra parte inició independientemente su propia empresa bodeguera al ir comprando desde 1891 a 1918 varias casas y bodegas entre el Callejón del Truco y el de Madre de Dios y de sus propios caldos salió la marca de la manzanilla “La Cigarrera”, todavía hoy en el mercado.
Manuel Hidalgo casó con su prima gaditana Emilia Colom Milanos, la cual aportó al matrimonio sólo ocho mil pesetas, y les sobrevivieron dos hijos que llevaron sus mismos apellidos: Manuel José y Emilia Hidalgo Colom. A su muerte, sus bienes fueron valorados en 877.296 pts., de las que 653.000 pts. correspondían a 653 acciones en “Vinícola M. Hidalgo y Cª.”, y 40.000 pts. el valor de la casa ce la calle San Juan 14.
Manuel J. Hidalgo continuó la andadura de su padre tanto como accionista de Vinícola, y gerente como con la explotación de sus bodegas propias de la calle del Truco y su manzanilla “La Cigarrera”, también fue concejal del Ayuntamiento. Casó con Dolores Otaolaurruchi Gómez de Barreda, y sería su hijo Rafael Hidalgo Otaola el continuador de las bodegas “La Cigarrera”, actualmente de sus herederos, girando con el nombre de “Pilar García de Velasco. Viuda de R. Hidalgo”.

martes, 21 de diciembre de 2010

QUIOSCOS: SENCILLEZ Y DONAIRE

Aunque puedan pasar casi advertidos por su modestia y escasez, los quioscos son un elementos configurador del espacio urbano; tanto como una fuente, un ajárdinado o una escultura conmemorativa. Alteran estos templetes la estética inicial del lugar donde se coloca, procurando e la mayoría de los casos mejorarla.

Quiosco del Palacio Municipal
De estilo oriental como su propio origen -el “Kusk” árabe-, se utiliza en ‘principio en los jardines, tomando carta de naturaleza en la Europa dieciochesca; se dearrolla en el romanticismo al contactar los imperios con la media luna y el lejano oriente. En España, el estilo árabe deja de beber en Oriente al autocontemplarse en su propia tradición musulmana y mudéjar. Discurren sus formas a modo de tanteo (neoarabismo, alhambrismo, eclecticismo) hasta que en Andalucía se consagra como propio de la región, dando lugar al neomudejar que a veces se vinculan en e1 plateresco.
De, los jardines, estos pabellones pequeños, abiertos, por todos sus lados, de planta generalmente redonda, ochavada, pasan a las plazas públicas, paseos y calles. A veces se despojan de su original estilo árabe, aunque suelen mantener la típica celosía; tienden a cerrarse, al tiempo que multiplican sus funciones.
Mantienen un parentesco con el cenador enredado de plantas trepadoras propio de una glorieta de un parque o jardín, o con la pérgola.




Ya no sólo son lugares para descansar, tomar el fresco o recrear la vista, sino que también en los sitios públicos servirán para la venta menuda de periódicos; flores, fósforos, chucherías, fritos o refrescos (aguaduchos); para urinarios, para tapar “ingenios” (pozos, red eléctrica, alcantarillas...); para situar a los músicos, para pajareras... etc. Derivarán los quioscos en los pabellones de recreos, de casinos de exposiciones y de las propias casetas de baños.
Permanentes o efímeros, según su material de carpintería o, albañilería -generalmente de ladrillo-, incorporan el hierro en su fábrica o incluso se conviérten en una arquitectura del hierro, usada a mediados del pasado siglo XIX en Sevilla (Puente Triana, Mercado de Entradores).
De esta pequeña arquitectura -por su tamaño- subsisten en Sanlúcar algunas muestras que datan de principios de siglo: quiosco de ingenio en el jardín delantero del Palacio de Orleans, quiosco mingitorio, luego de venta menuda en la Plaza de San Roque; y los pabellones ubicados en la Calzada: Rifa de los Pobres y el antiguo Círculo Mercantil (actual Oficina de Turismo).

Como un trampantojo puede un quiosco aumentar, disminuir, imitar, concentrar, dispersar un espacío a cielo abierto; además de embellecerlo gracias al propio diseño, casi siempre con él fin de recrear al transeúnte.

Existió en la Plaza de San Roque un mingitorio público haciendo esquina con la calle de los Sastres. En 1923, el Ayuntamiento pretendió modificarlo. Los vecinos de la plaza alzaron sus protestas mediante las que solicitaron no sólo el cierre de aquél, sino la no apertura de ningún otro por ser “un ataque a la moral pública y además resulta antihigiénico por las emanaciones insalubres que produce y que más de notar por lo reducido de la plaza”. El Cabildo, al no encontrar otro sitio apropiado con madronas y tuberías de agua potable, rechazó la pretensión de aquellos particulares; sin embargo, decidió que el nuevo quiosco de necesidades se estableciera en la plaza, más que fuera cubierto, cerrado y con una sola puerta de acceso.




Con estas pautas iniciales, el arquitecto municipal, José Romero Barrero, proyectó al año siguiente dos quioscos similares, uno para la playa -que no se levantó- y otro para la Plaza de San Roque, hoy convertido en puesto de venta de “chucherías”.
El primero fue concebido con planta rectangular y dos puertas de acceso, pues el quiosco se dividía en dos partes por medio de una pared central, una para urinarios y otra para retretes. En alzado, los lados de acceso se constituían en tres cuerpos: el primero, en su eje central, abría la puerta cuyo dintel casi marcaba la altura. En ambos lados, dos huecos alargados cuyos dos tercios superiores estaban cerrados con un entramado probablemente de cristal y el tercio inferior, a modo de pretil, se ahuecaba con unas ranuras longitudinales abiertas a la ventilación.





Una moldura marcaba el tránsito al segundo cuerpo del edículo: un friso con tres celosías con la misma anchura y situación que los huecos inferiores. El establecimiento sostenía un tejado vidriado y coloreado a cuatro aguas que se remataba con una figura de porcelana.
En cambio, el quisco de la Plaza de San Roque, aunque con estructura octogonal, mantenía las mismas características: cuerpo inferior a modo de zócalo en rodapies -sin ranuras de ventilación como el anterior-, y por encima las ventanas y puerta (giratoria); friso de celosías, y tejado con remate cerámico.
Ambos quioscos, en ladrillos finos colocados a testaceum, enlazan estilísticamente con el bárroco templado andaluz, pero adaptado al nuevo discurso arquitectónico del “regionalismo neobarroco”. Por tanto se acerca más al “aediculum” clásico, que al “kurs” árabe, sin embargo de éste toma la solución de la celosía apropiada para la luz, la ventilación y el cierre a la vista.








José Romero Barrero dotó a estos dos quioscos con sencillez y donaire. Siguió las mismas líneas que el resto de su producción arquitectónica en Sanlúcar, Como ejemplo caben la reforma del -Hospital de San Diego, el hotelito de “Manuel Domínguez -y sociedad” (1914), cerca de Las Piletas, o la casa de Vidal Gutiérrez en la calle de las Cruces esquina a Diego Benítez (1926).
Fue Romero Barrero nombrado arquitecto municipal en 1916 con la condición de hacer visitas semanales a la ciudad desde Cádiz. Dos años después fue contratado con carácter efectivo hasta 1931: En su actuación gaditana se distinguió por las obras del desaparecido Balneario de la Victoria (1907), “una de las primicias andaluzas en la tectónica de hormigón vaciado’en encofrado de madera”. También siendo arquitecto de la Diputación, y en el mismo estilo modernista que el Balneario fue autor de la Casa Mayor en la calle San José 34.

domingo, 19 de diciembre de 2010

LA CASA DE HACIENDA

A. FISONOMÍA.
Esta casa de la calle San Juan, marcada con el nº 47 y que hace esquina con el Callejón del Carmen, y a sus espaldas el antiguo Hospital de la Madre Ignacia , se identifica rápidamente por su estilo y personalidad propia. Se describe registralmente como “..de construcción moderna formada de piso bajo y principal, mirador, cochera cuadra y jardín tiene una extensión de 1.495 metros cuadrados”(1890).




Con tres solares, se da a la casa una fisonomía unitaria en 1862, fecha inserta en la cancela. Su estilo isabelino no es más que el recargamiento del estilo neoclásico, propio de principios del siglo XIX. Está lejos en fecha y forma del neoclasicismo de las portadas gemelas del convento de Madre de Dios (1816, del arquitecto Benjumeda) o del edificio de la antigua Aduana de Bonanza (1832). En cualquier caso, única en Sanlúcar. Se percibe más la linea curva que la recta y se ausentan los espacios vanos amplios y lisos, pues todos sus huecos están apretados y muy ornamentados. Descansa la vistamás en la bodega y su piso alto que en la propia vivienda, esquinada hasta el Callejón.
Para mayor claridad descriptiva vamos a dividir la casa en dos partes. La fachada principal: bodega-cochera, y casa habitación; más la fachada lateral del Callejón.




La bodega y cochera en la planta baja se abre al exterior con dos grandes puerta de medio punto, la primera cegada desde la imposta, y la segunda se abre al interior como un apeadero de carruajes, en cuyo lado derecho se alinean varias columnas de mármol. La segunda planta, separada de la primera por una cenefa de distintas molduras, presenta una balconada con dos puertas; sobre una bandeja, con varias galletas, corrida sostenida por cuatro ménsulas trapezoidales amarillas, todo y coronado por un arco escarzano de moldura. La azotea que unifica la casa se jalona con un cornisa moldurada y con un pretil de pilar más barandilla, desde donde asoman varias gárgolas.




La casa-habitación unida a la anterior, tiene señalada su separación por pilastras de distinto orden (las superiores son cajeadas, y las inferiores acanaladas). En el bajo: cierro, ventanita alta de medio punto, portada principal ( con espléndidas puertas y aldabones de bronce figurando dos manos estilizadas con bolas, hoy sustituidas por otras), ventanita y cierro -con moldura sobre ambas; todos sus huecos se enmarcan con suaves molduras apilastrada de orden clásico. El segundo piso ofrece un cierro; una balconada de barandilla y pasamano, con dos vuelos diferentes, siendo el central el más amplio ( repisa con cuatro ménsulas en roleos con acantos, también de distinto volumen los centrales), y con tres puertas de medio punto, sobre éstas una cenefa con soles y un moldurón; y de nuevo otro cierro.
El lado del Callejón ofrece casi el mismo esquema compositivo: Bajo, cierro+ventana+cierro+ventana+cierro; Alto; cierro+cierro+ balconada+cierro+cierro. A este ala lateral de la casa se adhiere el jardín, encerrado en un muro con varios huecos y puerta de magnífico herraje, desde donde sobresalía una araucaria. Está coronado con un falso pretil de material.
La carpintería es copiosa y elaborada. Las puertas de los balcones son triples: una de librillos, otra palilleada con cristales y moldurillas en el ático de la puerta, y medios puntos también de palillería; más contrapuertas. Las cajas de los cierros, asentada sobre balcón de hierro fundido, con el mismo palilleado que la anterior, pero con ángulos curvos; el peinazo del su ático esta decorado con taraceas. Como el herraje estan pintados en verde por el exterior.
El herraje ricamente ornamentado y variado. La ventanitas de abajo forman un entramado de hierro unido por macollas casi cúbicas, y el medio punto con barrotes radiales y macollas. Los balcones como los cierros se aseguran con un herraje: sus barrotes se abrazan con varios anillos, el nudo es mas grueso y torneado; está pegado a la repisa con pie de basa y bola.




La casa-puerta ya avisa del lujo de la casa isabelina. Un cajón espacioso con suelo a dos niveles. El primero a ras de la calle se asola con mármoles verdes y blancos y zócalo verde. Al segundo nivel se asciende por una escalera centrada y alineada con la cancela; con tres peldaños de mármol y protegidos con barandilla de flejes -a juego con la cancela- y pasamanos que se prolongan en ángulo recto hasta las paredes. La pre-cancela sobre rellano. Y en el se alza un arco triunfal terminados en dinteles: sobre columnas pareadas de mármol verde, cuyo capitel y basa son blancos; y descansan en basamento blanco con molduras marmóreas verdes en la tapa y pie. El extradós del arco se remata con cordón. Las enjutas del medio punto están rellenas de relieves de yeso y encuadrado en un alfiz moldurado de yeso. A partir de la primera cincha y hasta el techo raso: tres frisos con yeserías, y en el del primero una cabeza de león de mármol. Igualmente el extradós que mira al patio ofrece una rica decoración de yesería.
En el intradós del arco y jambas: la cancela. Su estructura portante forjada, y entramado en forja de fleje, propio del isabelino.
El patio de cuatro galerías con columnas de mármol: cuatro formando arcadas apaineladas sobre columnas de mármol. La del fondo queda ocupada en su mitad por la gran escalera, (bajo de la crujía trasera). Su frente con danza de seis arcos, los extemos de medio punto y sobre ménsula o pinjantes; cuatro columnas iguales que sostienen dos arcos trilobulados y otro central polilobulado, abre la escalera imperial de dos idas y una vuelta. Un peldañeado completo de mármol; termina la vuelta en otra puerta de medio punto, y en el segundo piso se cierra el hueco de escalera con ventanales de madera y cristal y barandilla de hierro forjado. El intradós rampante del tramo de vuelta se llena de yeserías; y en el fondo un arco ojival abre bajo el rellano. En los extremos de la escalera, se presenta dos puertas de acceso al jardín.
Tanto el bajo como el alto se abren al jardín con unas espléndidas galerías belvederes. Abajo danzan tres y arriba cuatro arcos sobre columnas marmóreas. En ambos pisos las alas laterales contienen cinco habitaciones, las de la derecha dan a la bodega y las de la izquierda al callejón

En el piso superior, las galerías de acceso a la habitaciones se asoman al ojo de patio a través de una barandilla -igual que la de la escalera-, en cambio carece de cristalado. Dando a la calle y a lo largo de toda la crujía frontal se sitúa el gran salón -hoy oficinas-. Que en el bajo se distribuye en la cancela central y dos habitaciones a los extremos
En 1926 se coloca una lápida marmórea, recordando a D. Juan Ñudi, quizás la más bella del lapidario parietal de Sanlúcar. El marco compuesto de tres molduras diferentes que se alternan en blanco y verde. Su centro blanco inscrito en bajo relieve verde se bordea con cuatro escudos: en el centro y sobre las cuatro molduras una cartela con el blasón de España; en el ángulo superior derecho el de Sanlúcar y en el del izquierdo el de la familia Ñudi, ambos dentro de un tondo; y en el centro de la primera moldura otro tondo con el escudo de la artillería. Su autor, el marmolista catalán Joaquín Borrell Lafitte.


B. HISTORIA DE LA CASA Y SUS MORADORES.

1. Hasta 1858: La Cave
2. De 1858 a 1890: Dª Cristina González-Barriga.
3. 1890 a 1956: D. Cayetano Ñudi.
4. De 1956 a la actualidad: Ayuntamiento y Hacienda.
4.1. Instituto Laboral.
4.2. Biblioteca Municipal, Multi-usos y Sede del Orfeón Santa Cecilia.
4.3. Hacienda.

1. Hasta 1858: La Cave .

Esta familia vino desde Navarrens (Francia) a Cádiz en el siglo XVIII. Una rama permaneció allí distinguiendose por la anexión del apellido: Lacave. Pedro Lacave antes de morir en 1850 se había asociado con el francés Pablo Etchecopar en negocios de vino y consignación de buques. También en Sanlúcar tiene “La Cave y Etchecopar” sucursal allá por 1858 en la calle Sº Domingo 191.
Y otra se asentó en Sanlúcar en 1789 con Juan Bautista La Cave Ibarey, dedicado también al negocio de vinos. Su hijo adquirió esta casa y mitad de bodega, y en la testamentaría la dejó a tres (José, Juan Luis y Eduardo)de los nueve hermanos La Cave Domínguez (Juana, Pelegrina, Magdalena, Adolfo, Guillermo y Camilo) . Cada uno entroncado con militar, político y bodegueros.

2. De 1858 a 1890: Dª Cristina González-Barriga, la Gran Viuda.

José María La Cave en 1840 había desempeñado la Alcaldía con los moderados en el poder. Murió en 1858 dejando viuda a Cristina González-Barriga del Río (1835-1896) y dos hijos.
La Gran Viuda, pues tuvo tres marido y a los tres hipotecó, proyectó hacerse “la casa fuerte” que hoy conocemos; llamada popularmente “Palacio de La Cave” Al año de morir el marido, al que pertenecía la mitad de la casa, permutó la otra mitad a su cuñado Juan Luis por otra casa en c/ S. Juan. En 1860, a su cuñado Eduardo permuta la bodega por otra casa en la Puerta de Jerez esquina S. Agustín (propiedad de su primer marido).
Entretanto Dª Cristina había contraído segundo matrimonio con Benito Rodríguez Roldán . Y comienzan a reconstruir la casa. Una marmolería sin igual: columnas blancas y verdes, solería, escalera y zócalos; enrejados de moldes de dos tipos de dibujos, carpintería lujosa y detallista, flores y árboles para el jardín, etc. En 1862 ha sido concluida la casa, suponemos que con el visto bueno previo del arquitecto municipal Fernando Gómez Cornejo.
Su segundo marido soporta la hipoteca de la casa, ya que los gastos son copiosos; y disfruta siete años del sueño de su mujer. Al que adorna el honor de ser comendador de la Real Orden de Carlos III (1863).

Viuda de nuevo, le queda adjudicada la casa que ya tiene un valor de 494.291 reales . Casi ha multiplicado por diez el precio de la casa y además ha redimido los tres capitales de censo que la cargaban. Y tres hijas más .
Recién muerto D. Benito, nuevas nupcias de la viuda, treinta y pocos años, casa con un viudo que lleva al matrimonio dos hijos. Es abogado José Puerto y Morga, ejerce de Fiscal y procede de Alcalá de Guadaira. Pues también le toca cancelar hipoteca sobre la casa, realizada por el anterior marido. Ya en 1885, el tercer marido ha redimido otros cuatro censos y cancelado totalmente la hipoteca, al año morirá dejando a la viuda con dos hijo más .
Una vida social ajetreada lleva Dª Cristina, que en el siglo se asocia al Gobierno de la Casa con sus empleados (casa de la ciudad, casa de campo; recreo de el “Picacho”y huerta de la “Arboledilla”...).
Y a la práctica religiosa. Todavía en 1883 preside la Junta Protectora de Maternidad y Expósitos, que depende del Ayuntamiento. Nada más y nada menos que interviene en la Casa de Expósitos de la calle Eguilaz, en el Hospital de S. Diego y en el de la Misericordia, en la Hermandad de la Santa Caridad y en la Hospitalidad Domiciliaria de la Hermandad de S. Pedro y Pan de los Pobres. Todas estas instituciones con el régimen liberal dejan de pesar sobre la Iglesia y recaen en la Beneficencia Pública. Tan inmensa tarea sólo puede llevarse a cabo en asociación: 24 damas voluntarias de la crema y nata sanluqueña (de diferentes edades y estado), alguna de ella esposa de médico, farmacéutico que dirigen aquellas entidades. Y la Protectora, casi nada, S. M. la Reina María Cristina.
Esta Junta y su siguiente generación serán el embrión de la Conferencia de S. Vicente de Paul, de la Gota de Leche y de la Rifa de los Pobres y otras. Son y serán las lectoras del Año Cristiano de Croisset y de libros piadosos, consumidoras de Bulas, rezadoras de mortuorias, propietarias de reclinatorios, Camareras de Hermandades, miembros de la Asociación de Hijas de María o de la Archicofradía de las Benditas Ánimas en la O; con Carta de esclavitud del Santísimo o de la Virgen en sus diferentes advocaciones; parroquianas de Misa diaria, algunas con Oratorio en casa donde pueden celebrar - ciertos días del año- Misa .
Esta generación gozó el olor de santidad. El capuchino P. Esteban de Adoain (1808-1880), que tras misionar por Europa y América para la salvación de las almas, propagando al tiempo la devoción a la Divina Pastora, culminó su apostolado en las Misiones de Sanlúcar. En el atrio de la iglesia conventual, yace.
Y desde 1868, fue gobernada espiritualmente con sabiduría por el Arcipreste D. Francisco Rubio Contreras (+1908), ayudado por un numeroso presbiterado.
Un retrato de familia manifiesta el esplendor de esta casa. Toda los parientes de la Gran Viuda, y ella misma flanqueando con uno de sus maridos (suponemos que el tercero) la pintura de un niño pequeño ya muerto. Las enjutas de los arcos lobulados pintadas con motivos florales. Y un lujoso mobiliario: tres lamparas : dos de bombas de cristal y la central de porcelana; un juego de sillas y sillones del mismo estilo, dos pianos, dos mesas portátiles de juego y de café; y una espléndida mesa completamente labrada desde los pies a la tapa ; tres maceteros, una butaca de enea.




La tres veces viuda, Dª Cristina, sufrirá el embargo de su casa y de otras siete. Con cincuenta años le queda la pensión de su marido (+1886) que había alcanzado ser Magistrado e la Audiencia de Sevilla, y 23.242 ptas. parte de las 461.165 pts de la testamentaría. Se queda con la casa valorada en 23.572, casi la parte que le correspondía en la partición.
Treinta y dos años señoreando su casa, tras cancelar el embargo, termina por venderla a Cayetano Ñudi y Díaz de la Concha por 40.000 pts, la mitad al contado (de donde saldría el desembargo).

Pensionista y roto su sueño, muer en una casa normal de la c/ Sº Domingo 33, de ictericia diabética. Seguro que hasta su último año de 1896, seguiría tejiendo caridades. Y aún deja en herencia algunas propiedades.

3. 1890 a 1956: Casa de Ñudi. Concepción Ñudi, la Noble Mendiga.

Historia paralela la de la casa y sus moradores a la anterior. Durante sesenta y un años es habitada por dos generaciones de la familia Ñudi. El abuelo del nuevo propietario era Cayetano Gnudi Sgarzi procedía de Bolonia (Italia) y dejando atrás Cádiz, se casó en 1815 con Dolores Gil de Ledesma, descendiente de Cargador a Yndias, noble; con casa solariega- bodega en la calle Carmen esquina al Carril; terrateniente de los pagos de “La Galera”, “Del Señor”, Pastrana y Ledesma; y panteón en la Iglesia de Santo Domingo las cuales podemos contemplar hoy.
Cayetano Ñudi Díaz de la Concha (1858-1931) se mudaba de su casa de la calle Sº Domingo 28 a S. Juan 29 y 31 con su mujer María Rosa Ruiz de Somavía Terán (1861-1921), y varios hijos. Aquí otros tantos nacieron, hasta sumar una veintena. Personificación del caballero cristiana. Como su familia, se dedicó al negocio de viña y vino; en 1903 cuentan sus bodegas con 1.400 vasijas y varias marcas comerciales . Ejerce la política, siendo Teniente de Alcalde en 1872 y 1910; y asume la última Alcaldía de la Dictadura de Primo de Rivera. Pero en el 88 carece de carruaje matriculado; además ejerce de Contador-Interventor municipal (1920). Su esposa al morir deja la casa de S. Juan a sus nueve hijos supervivientes .
También la familia Terán, (Juan Antonio Terán y Mier) compró a Río Andriot la finca del Picacho y la mantuvo breve tiempo, hasta que es comprada en subasta por las Pastoras.
Sus hijos -así como sus sobrinos - recibieron una educación esmeradísima y cristiana tanto, en el hogar como en el Colegio de las Pastoras, acabado de fundar por el Beato Faustino Míguez (1885), escolapio. Los varones hecha la primera comunión iban a los Escolapios (1868) para empezar el grado elemental y proseguir el superior, y ellas continuaban en el mismo Colegio. A partir de 1895 cuando se abre el Colegio fundado pos las González Hontoria o Compañía de María, las Pastoras tendrán que compartir la enseñanza de párvulos y la elemental. Curiosamente Asunción González había estudiado con aquéllas.
Aunque los padres de alumnos preferirían el centro más cercano, los descendientes de la casa Gil de Ledesma se mantuvieron fieles a las calasancias.
Concepción Ñudi Ruiz de Somavia, la mayor de sus hermanos, obtuvo sobresaliente en 1896, estando en la primera clase. Tenía treinta compañeras con diferencias de hasta tres años de edad, entre ellas su hermana Rosa; y en párvulos sus hermanos Pepe (1885-1945) y Cayetano. Recibió clases de la Hermana Angeles de Jesús, maestra, fundadora y superiora del Colegio.
Entonces las Pastoras tenían sede en la calle S. Jorge y sucursales en la calle S. Nicolás y en el Barrio Alto , hasta 1902 que se trasladan al Picacho. Su altura pedagógica era pareja a otros colegios de capitales. Su aprendizaje se deduce de la Ley de Educación de 1857 y por supuesto de las Reglas del Colegio de 1897.




Concepción se formó en la Piedad ( oraciones y prácticas religiosa diarias, festivas y anuales); y en Letras ; que a lo largo de su vida aplicará en su conciencia y en su docencia:
-Lectura de impresos y manuscritos en prosa y verso.
-Doctrina cristiana en toda su extensión.
-Costuras y labores con sus aplicaciones.
-Gramática castellana con su análisis lexicológico.
-Aritmética y Álgebra completa y aplicadas a la contabilidad y el comercio.
-Geometría General y aplicada a las labores.
-Religión y Moral extensas.
-Historia de España con ejercicios prácticos.
-Labores propiamente dichas con su teoría.

-Higiene y economía domésticas.
-Urbanidad.
-Historia universal.
-Nociones de Física General y Terrestre.
-Nociones de Química General y aplicada a las necesidades domésticas.
-Nociones de Historia Natural teórica e intuitiva.
-Fisiología y Anatomía humana.
-Elementos de Retórica y Poética.
-Elementos de Sicología, Lógica y Ética.
Y también tenían las optativas de “Adorno”: Solfeo, Piano, Dibujo e Idiomas.
El colegio se nutría igualmente de internas que además de las anteriores materias añadían las propias de un internado; y desde luego de las gratuitas, cuya enseñanza era más reducida y práctica, y en cualquier caso eran la finalidad del centro.
El método calasancio y en palabras del Beato Míguez, que escribió varios libros de texto: sencillo, eficaz y breve y el recomendado por los mejores expertos. Exámenes el 15 de Junio y de Diciembre con Tribunal. Premios y castigos. Horario de mañana y tarde (9.30 a 12.30 y de 14 a 17.30), de seis y media hora. Y abundante material escolar.
Desde niña participó con sus familiares, amigas y compañeras de colegio en la Conferencia de Paul. Esta asociación organizaba en 1908 una “Velada” para los Pobres en el Colegio de los P. P. Escolapios. “A las nueve en punto de la noche del sábado 29 de Agosto..”. Escenificaban los temas tocados por un sexteto de aficionados. En el “Cuadro 8º: Escuela de Vestales”, intervenían las señoritas. Ana Gibaja, Concepción Ñudi, Mª Rosa Bonmati, Isabel Gibaja, Ana Vergara, Mercedes L. Spínola, Ana Mendicuti, Joaquina Hontoria, Luisa Otaola y Victoria Mendicuti.
Eran los tiempos de un cristianismo militante: las Celadoras del Corazón de Jesús y del Apostolado de la Oración. En su “Reglamento”indica respecto a la organización: “Se repartirán por barrios de la población en que residen, y trabajarán por alistar en la Santa Alianza a todos aquellos en cuyo corazón brille siquiera una centellita de amor a Jesucristo y a su Iglesia. Según el fervor de cada una, les propondrá simultáneamente o sucesivamente estas tres prácticas, que forman los tres grados del Apostolado: es decir, el Apostolado mismo y sus dos principales medios de organización o sean, la ofrenda a María Santísima y la Comunión reparadora.... se da a cada, una cédula de agregación... . Reuniones cada quince días, impresión de hojita mensual de intenciones, etc...y mucha oración. Los hombres formaban la Archicofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús. También ellas podían formar parte de la Obra de las tres Marías de los Sagrarios -Calvarios -conocidas como “las Marías”- para acompañar a los Sagrarios; fundada por el Beato Manuel González -veraneante asiduo en Sanlúcar- .
Paralelamente a los Jubileos y Peregrinaciones de la nueva burguesía, la gente corriente llevaba una práctica religiosa sencilla: devociones populares, uso del escapulario del Carmen y de hábitos de vestir por una promesa; sin la menor duda, también comprometidas en los movimientos y peregrinaciones obreras católica. Y casi siempre se procuraba crear puentes entre las diferentes clases sociales, para dar unidad a la comunidad católica .
Los primeros años del siglo XX fueron de un activo movimiento de Asambleas y Congresos y de un asociacionismo tanto religioso, como civil (de gremios, sociedades mercantiles, casinos, clubs y de militancia en partidos políticos. Tenía peso en la ciudad la “Asociación Protectora de las Escuelas Católicas de Bonanza”, la del Patronato de los Buenos Libros, de Buenas Lecturas” (articulado mediante las librerías religiosas y católicas; o de Asociación Católica de Padres de Familia y Amigos de la Enseñanza. Y sin olvidar a la Acción Católica.

No todo era piedad en la alta sociedad sanluqueña. Las jóvenes se divertían con la música, los bailes, las visitas, la moda (revista La Mujer Elegante). Y ambos sexos disfrutaban de los Juegos Florales: reina y damas, más Literatura. En Agosto de 1920, gobernaba el Municipio Leopoldo del Prado con reciedumbre castellana y con Maura por líder del Partido Conservador. El equipo de gobierno estaba conformado por Vidal Gutíerrez Díez, José López Ballesteros, José Sánchez Castellano, Antonio de Caso, Hermenegildo Díez Santiago; y los jóvenes (de 30 a 40 años)Juan Argüeso González, José Ñudi R. Somavía (1885-1945), Luis Cardoso y Manuel Barbadillo Rodríguez. Todos tenían amistad o parentesco con el Alcalde. Probablemente la Comisión de Festejos o un Jurado elegiría a la Reina y Corte. Reinó Mercedes L-Spínola y entre sus dama Carmen Ñudi; ambas de familia conservadora y piadosísima.
Se presentaron al certamen literario varias obras firmadas con lema, y plica. Loaron a la manzanilla dos autores, jugando al verso con las marcas de manzanilla. Uno versificaba así: Es costumbre, que al que nace / en la tierra sanluqueña / cuando los padres convienen / en que católico sea, / antes de llevarlo en coche / a bautizarlo en la Iglesia, / se bautiza en cada casa / con manzanilla añeja /..../ Quien le guste el bello sexo, / que beba AURORA Y CARMELA, / EVA, CRISTINA Y ROSITA, / CONSOLACIÓN Y RAINERA, /... No obtuvo premio el autor: Alfonso Ambrosy. Otro rimaba: Al son de dulce armonía, / que mi cítara remeda, / grato saludo le envía / la cuna de la hidalguía, Sanlúcar de Barrameda. /... / Místicos y santurrones, / excitados por Rosita, /con gambas y boquerones, / sufrirán indigestiones, / si no los purga La Guita /...
Seguro que descartado por liberal (del Partido de Joaquín Díaz), y ofensivo para la reina y su amiga. Pues de los viejos robles de Ñudi salían la manzanilla Rosita, 40 HP y Gurugú. La autoría era de José Rodríguez Ramiro.
Al final ganó el presbítero José E. Lagomazzini Francsón con los poemas religiosos de “Los nocturnos de un poeta. Fantasía musical. Para el piano de la Reina de la Fiesta” (lema, “Mientras el odio ruge la fe canta”); y Manuel Barrios Macero con “Loa a la mujer andaluza” obtuvo la Copa de Plata ofrecida por el maurista Conde de los Andes .

Volviendo a Concepción Ñudi, virtuosísima en piedad y arte, santa sin altar, y para recordarla el día Omnium Sanctorum. Tuvo su espejo en el ideal de las profesoras calasancias: gravedad, silencio, humildad, prudencia, sabiduría, paciencia, mesura, mansedumbre, ascendiente, discernimiento, celo, etc. Y sobre todo siempre conforme con la voluntad de Dios, en la riqueza o en la pobreza, en la gracia o en la desgracia; pero con alegría. Hasta en el amor recibió un duro embate.
Sufrió la desaparición de su hermano en Juan (destinado en Melilla) - y en noviembre la muerte su madre-.
1921.07.00. Desastre de Annual. Comandante General de Melilla: Manuel Sivestre.
1921.10.00. Reconquista. Toma del “Gurugú” (Pico de Mardu). La esperanza se hospeda en casa de Ñudi: manzanilla Gurugú; y alegría: manzanilla 40 HP (Horse-Power, caballos de potencia de un vehículo, muchos para estos años).

El Ayuntamiento nombró Hijo Predilecto (1921) y quiso recordarle con una lápida en la fachada de la casa tres años después: En esta casa nació / el heroico Teniente de Artillería / D. Juan Ñudi Ruiz de Somavía / bizarro defensor de Yebel-Uddia / cuando la campaña de 1921. / Homenaje de la Ciudad a su hijo glorioso. / 1926, Junio 24. También en la Guerra de África (fruto de un imperialismo sólo de prestigio) dieron la vida sus primos José y Francisco Delgado Ñudi, (hijos de Joaquín Delgado) .




A raíz de la desaparición de su hermano Juan (destinado en Melilla), vive un asunto delicado, “unas gestiones amistosas” que acaban en un pleito . Se trata de la división de una bodega emblemática que comparten en 1925 sus hermanos menores y sus primos los herederos de José Delgado Zuleta (más negociante que marino).

Eran los años de la crisis económica mundial.
A pesar de todo sigue luchando, y entregándose con largueza a las obras de caridad. Junto a su equipo de señoras, y gracias a la amistad con los Infantes de Orleans, patrón junto al Ayuntamiento y la Diputación; se inaugura en el 1929, el día de la Virgen de la Caridad, la “Rifa de los Pobres” . Desvelo de “tía” Concepción hasta su muerte, en que se cerró el bello pabellón de la Calzada. Todos los veranos y con un sol de justicia, a las tres de la tarde ya estaba en la Rifa, preparando la exposición de regalos, las papeleta, etc. Una vez abierta la Rifa hasta las tantas de la noche, invocaba al Cielo para que se vendieran papeletas, y se vendían. Allí se hablaba con finura de lo divino y humano. Concepción y Mercedes, dos Señoras de su Ánimo, discutían a veces a causa de sus ideales políticos, la primera falangista y la segunda requeté; al punto que Dª Pura exclamaba “por Dios Mercedes, serénate”. La constelación de la Conferencia de S. Vicente la formaban Pura Vila, Rosario Delgado, Ana Andrade, las Colom, Pilar Pardo, Rosarito Ochoa, las Delgado, etc.
Siempre pidiendo para los pobres, Concepción aprovechaba las temporadas de Carreras de Caballos para alargar su mano mendicante y munificadora: hija dócil de S. Vicente de Paul .
En 1951 sale de la casa de S. Juan, tras venderla al Ayuntamiento. Soportó con nobleza dos mudanzas más, ya en su vejez. Y en soledad, pues había sobrevivido a sus hermanos; sin embargo cargada de amistades y admiradores, y siempre al amparo de su sobrina.
Profesora de pintura, dibujo, de bordado con Taller , restauradora de antigüedades. Siempre generosa, al punto de hacérsele difícil cobrar a sus alumnas.
Hasta 1960 fue militante de las “Marías” (fundada aquí en 1910) con el fin de visitar los Sagrarios, del mencionado Beato Manuel González, que pasaba temporadas en casa (llamada de broma EL Vaticano) de su Presidenta sanluqueña, la nonagenaria, Pura Vila Vda. de Spínola. Igualmente pertenecían a esta Asociación sus hermanas Lola y Rosa, como su sobrina Mª Rosa Ñudi de Gutiérrez; sus primas, y grandes amigas: Emilia Barrero Viuda de Hidalgo, Carmen Héctor de Pérez Barbadillo, y Mercedes L-Spínola; encabezando el grupo la Infanta de España, Princesa de Gran Bretaña, Princesa de Sajonia-Coburgo-Gotha, de la Casa Imperial de los Romanoff: Dª Beatriz. Todas lectoras del Granito de Arena.
Reconocida su bondad por todas las clases sociales, la ciudad le rindió un Homenaje, imponiéndole la Medalla del Trabajo; representada por el Alcalde Juan Garat [70-75]. Un emotiva Eucaristía en la Parroquia de Santo Domingo y un banquete en el restaurante “Casa Bigote”. Con este revuelo, perdió su alfiler predilecto; este llevaba inscrito con piedras preciosa el nombre de Cayetano, su querido padre, abuelo y bisabuelo; y no perdió la serenidad, al poco tiempo apareció en el templo. Seguro que rezaría su tan repetida Jaculatoria: San Cayetano bendito, Padre de la Providencia, pídele a Dios, que no falte en esta casa, su asistencia. Ya en el festejo y con el alfiler en la solapa, sus amistades le improvisaron una cancioncilla cariñosa. Como su prima y amiga Rosario Delgado (“Tiate”, en el 63) y por supuesto asistente, recibió los honores por su buena sembradura.
Agraciada de cara, “recortadita de cuerpo”, de pasito menudo y andariega, generosa; así la recuerdo en mi niñez, y a ella besábamos cuando íbamos a la Rifa. Calzada de olor y canto de grillo, de albero y juegos infantiles...
Ella, anciana, cuando daba alguna cabezadita en Misa, decía humildemente que no había nada mejor que el perro durmiese a los pies de su Amo. Concepción, Concha, Conchita, Conchilla o la señorita Concepción se despidió de la vida en la calle de la Capillita, y reposan sus resto en el Panteón de los Terán y Mier (17 de Mayo, 1979).