viernes, 28 de enero de 2011

EL RECREO DE "EL PICACHO" ( y 2)

LOS DIAZ DE SARAVIA Y LAS CALASANCIAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA.
Era esta familia originaria de Burgos, del pueblo de Villarcayo, aunque establecidos en Cádiz alrededor de 1731.  Manuel Díaz de Saravia formó parte del Consulado de Comercio, fue elegido para ocupar la máxima dirección, la de Prior.[i]  Esta institución que agrupaba a los comerciantes o cargadores a Indias, contó también entre sus matriculados con Ignacio Díaz de Saravia, sobrino del anterior, burgalés, en 1759. De los negocios que aquel tuvo con ultramar se estimó en 1771 unos beneficios de 3.200 pesos anuales, al igual que en a1 año siguiente donde tío y sobrino aparecían contribuyendo al Consulado. A partir de 1777, el segundo se integra en la Sociedad de Amigos del País de Sanlúcar de Barrameda, vinculándose más a la vida política y social de la ciudad. Como los demás ilustrados sanluqueños, los Amigos del País fueron afrancesados y adictos a Napoleón a cuyo ejército no opusieron resistencia cuando fue invadida Sanlúcar, y para colmo también rindieron homenaje a José Bonaparte a su llegada en 1811 con una gran fiesta nocturna en el Recreo de El Picacho.[ii]


Fuente representando a las cuatro partes del mundo o continentes



De 1848 a 1850 Josefa Díaz de Saravia cedió su Recreo para que pasasen las temporadas de verano a los Duques de Montpensier, así como en 1862 también prestó El Picacho con el fin de alojar a la reina Isabel II y a su consorte, si bien la propietaria no pudo venir de Cádiz para recibirlos “a causa de sus achaques”.  Viuda de el bodeguero gaditano Vicente Cortés Chacón (+1848), que en 1845 contaba en su empresa con un activo de cerca de seis millones de reales.[iii]  Josefa Díaz de Saravia vivía en Cádiz en la calle San Francisco 21, del Barrio del Correo, (aunque era de Sanlúcar, tenía 68 años) junto a sus sirvientes un gallego y un matrimonio sanluqueño, además de su hija Rosario Cortés Díaz de Saravia, la cual estaba casada con Francisco Cervero de Valdés, Teniente Alcalde de Cádiz (1859-1860) y fundador del Círculo Moderado, burgués que en 1862 pagaba 182 escudos de contribución territorial.[iv]
 En 1875 Cervero pedía permiso al Ayuntamiento de Sanlúcar para ensanchar la portada de su posesión de El Picacho por el Carril de San Diego.[v]
Otra hija de Josefa fue Araceli Cortés y Díaz de Saravia, que había casado con Joaquín Ramirez y Poblaciones, natural de Lucena (Córdoba).

Tras una serie de ventas por los Díaz de Saravia de todas las casas de alrededor del recreo, queda en 1904 una agrupación de dos casas la 14 y 16 constituida junto al Recreo en una agrupación y son la nuevas dueñas Ángeles González León, Concepción Hidalgo Rodríguez, Flora Casau de los Ríos, Luisa Villega García, Francisca Pérez Morgado, Julia Requena García, Natividad Márquez Romero y Rosa Machado Oliva, todas mayores de edad, solteras, religiosas (de la Divina Pastora, luego Calasancias) y vecinas de Sanlúcar, adquiriéndola proindivisamente y por octavas partes iguales. Esta compra se realiza, gracias al enorme esfuerzo y sinsabores del P. Faustino Míguez, con las limosnas obtenidas en su mayoría procedentes de dar  sus productos farmacéuticos:



¿Te parece poco lo que ahora me sacrifico por el Colegio de Sanlúcar? Nadie podía imaginarse que un pobre Viejo y ramplón, como éste pueda proporcionarle una casa con un jardín regio adyacente de tanto valor?
¡Y gracias mil al Señor, que sin molestar a nadie he podido atender a tanto¡
Casas, Picacho, picachillo, pinar y viña. Mentira parece…
¡Dichoso Picacho y dichosa la hora en que os acordasteis de comprarlo¡ ¡Cuánto disgusto y sacrificio¡[vi]

Este lugar elegido para establecimiento del colegio de niños y párvulos, tuvo en las casas anejas al jardín el convento e internado y debajo de ella se fabrico la iglesia en estilo neorrománico –siendo su arquitecto el madrileño de los Terreros-. En medio de la parte más baja de los jardines, frente a las casas de la calle de la Alcoba, se hicieron muy buenos pabellones de nueva planta, donde existe el salón de actos central y cuatro hermosas aulas, dos a cada lado.[vii]



Con posterioridad se realizaron dos obras de envergadura en el Colegio de las Pastoras: una en 1968 por el arquitecto Aurelio Gómez Millán sobre el internado; y otra en 1973 en la Residencia en calle Carril 16 por el arquitecto Javier Renedo. En cualquier caso desaparece la primitiva capilla.
 En 1943 la zona alta de viejo recreo, con cerca de 20.000 metros cuadrados es comprada por la Mutualidad de Accidentes del Mar y de Trabajo para orfanato, denominándose como Colegio de “El Picacho” y la obras duran hasta 1947 que comienza el funcionamiento del colegio con la llegada de las religiosas del Pío Instituto Calazancio de Hijas de la Divina Pastora, que se hicieron cargo del mismo y de cuatro huérfanos.


[i] RUIZ RIVERA, Julián B.: El Consulado de Cádiz. Matrícula de comerciantes, 1730-1823. Cádiz. Págs. 117.
[ii] BARBADILLO DELGADO, Pedro: Historia de la Ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Cádiz, 1942. Reproducción facsimilar: Sanlúcar de Barrameda: Delegación de Cultura y Escuela-Taller “Tartessos” el Excmo Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda, 1989. Pág. 865.

[iii] MALDONADO ROSSO, Javier: La formación del capitalismo en el marco de Jerez. De la vitivinicultura tradicional a la agroindustria vinatera moderna (siglos XVIII y XIX). Cádiz, 1999. Pág. 255.
[iv] RAMOS SANTANA, Alberto: La burguesía catalana en época isabelina. Cádiz: Cátedra Adolfo de Castro, Fundación de Cultura, 1987. Págs. 564-565.
[v] A. M. S. B: Actas Capitulares de 1875.
[vi] Cartas del Siervo de Dios Faustino Míguez. Fundador de las Hijas de la Divina Pastora. Madrid, 1985. Págs 337, 342, 357.
[vii] BARBADILLO DELGADO, Pedro: op. cit.. Págs.371 y 293.

jueves, 6 de enero de 2011

EL RECREO DE "EL PICACHO" (1).

Con el nombre de Picacho se denominaba en el siglo XVIII a una de las arboledas situadas a la espalda del Carril de San Diego y pegando con el cercado del convento del mismo nombre –posteriormente Hospital de San Diego-, y probablemente con la propia calle de Sevilla. Por extensión, el nombre de Picacho fue tomado por el recreo y jardín que integraba no sólo a la arboleda, sino a una suerte de viñas y varias casas que iban Carril abajo hasta la calle de la Alcoba, donde igualmente otras tantas lo rodeaban. En la actualidad ha desaparecido como tal, y fragmentado en varias propiedades de las que sólo el Colegio situado en la Avenida de la Constitución ha conservado su nombre.

   El recreo, formado por la familia Díaz de Saravia, estaba atravesado por el arroyo de San Blas que nacía en la calle de Sevilla hasta llegar a la calle de la Alcoba y San Francisco – o luego Fariñas- seguía por la de San Nicolás hasta el Barrio –también llamado de los Gallegos-. Debido a los perjuicios que ocasionaban sus aguas, en 1777, Manuel Díaz de Saravia solicitaba al Ayuntamiento encauzarlo con material a cambio de que se le concediera la propiedad, accediendo positivamente el Cabildo:[i]
   Ilmo. Sr: Dn. Manuel Diaz de Saravia, vecino, y del comercio de la ciudad de Cádiz, Residente en esta, dice: a comprado una Arvoleda a espalda del carril de San Diego lindando con la cerca de su convento, y nombran la arboleda del Picacho, en donde ha hecho un Paseo, para su recreo y diversión: Y asimismo a comprado, cuatro aranzadas de viña inmediatas a la dha Arvoleda, de la que solamente la divide un Arroyo, por donde corren todas las Aguas qe. Ocurren a la calle de Sevilla, y por otro nombre [conocido] de Sn. Blas, y va el dho Arroyo por entre la referida Arvoleda del Picacho, la viña del supte., Arvoleda de D. Fernando Albrech, y huerta de los herederos del Alferez Juan Grande, y sale a el Varrio de los Gallegos; cuio Arroyo esta terriso, y se lleva el peso y corriente de las aguas, la tierra, y arena, hasiendo escavaciones, y derruvios, rovando cada vez mas, y toda la tierra, y arena que se lleva queda emvalsada, y detenida en las calles publicas de dicho Varrio, en perjuicio de las casas y de sus vecinos; Para cuio Remedio, y evitar el daño de las excavaciones en la Arvoleda y viña del Spte. A determinado este componer el dho Arroyo, desde la calle nominada de Sevilla, asta el fin de la Arvoleda, asegurando los costados de una y otra vanda con ovras de forma qe. el agua no pueda salir del dho. Arroyo, ni hacer varranca ni excavaciones, y concluido esto, continuar en adelante según, y como regule por Conveniente hasta donde le paresca y siendo todo el expresado Arroyo servidumbre comun, y sitio valdio: Para resolverse el Spte. A hacer dha ovra, qe. sera costosa, quisiera merecer la gracia de la Propiedad del citado Arroyo, y sus pertenencias.
Spca. A V Illma. Se sirva concedersela vaxo la obligación qe haze de componerlo a su costa en los terminos propuestos, cuyo favor espera merecer de V. Illma., a quien prospere Dios en sus mayores Anges. Manl. Diaz Saravia.

   Durante más de cien años fue este recreo, de “cinco fanegas de tierra bien cercadas”, uno de los atractivos más ensalzados por diversos escritores. Desde el barrio Bajo se accedía por el Carril, bien por la casa principal -donde hoy está el Colegio de la Divina Pastora (Calasancias)-, bien a través de una vereda, que formaba arcos en estalactitas, a la izquierda de la casa. Hacia arriba había varias casas más modestas, probablemente para le servidumbre, y hacia abajo tres casas casi idénticas que Díaz de Saravia habría construido como dependencias secundaria, del estilo de las gaditanas, con patio de tres galerías. Todas se reconocen por tener junto a sus puertas un azulejo indicando el número de la casa más el anagrama del apellido Saravia, y por el cornisamiento de las fachadas consistente en un pretil corrido que se interrumpe con unos merlones polilobulares.

   En la parte media del Recreo se construyó un mirador, que aún conserva la congregación calasancia, y en la zona más alta en lo que actualmente es el Colegio de El Picacho, es probable que además de un pozo de agua para surtir al jardín, hubiese alguna otra edificación. En 1788, al viajero Antonio Ponz le sorprendió la belleza de este recreo, por el que consideró merecer solamente la pena visitar Sanlúcar:[ii]

    […]Antes de pasar de aquí voy a hablar de un establecimiento moderno, y es el sitio y casa de recreo llamada del Picacho, con sus jardines, huertas y plantaciones, perteneciente a Don Ignacio Díaz de Saravia, vecino de Cádiz y residente, la mayor parte del año, en este amenísimo sitio que ocupa la parte elevada de la ciudad.
   7. No es ponderable el gusto que tuve de verlo todo y de conocer a un sujeto de este humor, que ha sabido convertir con sus riquezas estos que se podían antes derrumbaderos en un verdadero recinto de delicias, sin haber reparado en gastar una docena de millares de pesos ni detenerse en lo que todavía tiene pensamiento de gastar. Con esta empresa, que sirve de singular ornamento a la ciudad y varias casas que ha edificado en ella, ha mantenido en los últimos inviernos muchos pobres jornaleros que aquí llaman braceros y muchachos infelices cuando no hallaban trabajo en otras partes, pues aquí no hay fábrica ni más industria que las labores del campo, y cuando estas faltan, quedan los pobres muy mal, como en los demás pueblos donde no hay industria alguna.
   8. El espacio de este sitio de recreo es de cinco fanegas de tierra, todo él cercado y con un buen repartimiento. La habitación, que es muy cómoda, en elevación al piso de hermosos jardines de flores. Hay abundantes naranjales de las mejores castas de España y hasta del reino de Marruecos; asimismo frutales de todas clases, tanto de las provincias de España como de las de fuera de ellas; y, para decirlo en una palabra, tiene don Diego en este frondoso recinto todas las especies de frutales que conocemos y algunas que no se conocen; calles cubiertas de emparados y otras mil cosas que sería largo de contar; pero no debo omitir una de las partes de más recreo del Picacho, y es el mirador que hay en lo más alto, desde el cual se descubre perfectamente gran parte del Guadalquivir y del Océano, los pinares del coto de Doñana, que está al otro lado del río; los de Chipiona, etc. Se han establecido fuentes y surtidores y otros juegos de aguas, con depósitos de las mismas, habiéndola buscado a grandes gastos fuera del recinto y conduciéndola por cañería cerrada el trecho de más de seiscientas varas. Le aseguro a usted que por ver este sitio se puede dar por bien empleado el viaje a Sanlúcar.

   Otras dos descripciones de 1858, una del historiador e ingeniero militar Fernando Guillamas y Galiano y otra del escritor Antonio de Latour, ambos servidores del Duque de Montpensier, también nos permiten imaginar este recreo, que fue residencia de los Orleáns-Borbón durante dos veranos, antes de que construyeran su palacio en la Cuesta de Belen. Guillamás[iii] además de apuntar que ya estaba algo descuidado, relata como el recreo descendía en terrazas desde la parte más elevada de la ciudad hasta el Carril de San Diego, donde se cultivaban flores, huertos con toda clase de frutos, algunos traídos del extranjero: naranjales, higueras, granados, etc. Alamedas, calles cubiertas de emparrados, fuentes –como la todavía existente de “las cuatro partes del mundo”, surtidores y juegos de aguas con sus depósitos y cañerías procedentes del exterior de la finca formaban este desordenado recreo.

   Latour,[iv] ese francés tan admirado por Fernán Caballero, que también conoció el recreo y permaneció más tiempo en Sanlúcar, lo describe bellamente y con sinceridad, aprovechando para realizar un símil poético con un pensamiento a modo de “beatus ille”:

   Picacho quiere decir pico, promontorio. El jardín que lleva este pintoresco nombre se eleva como un anfiteatro y se encuentra adosado a la ciudadela. Está bastante mal diseñado, mal conservado, pero es tan rico en flores, en agua y verdor atravesado por una alameda tan inspirada que uno se acostumbra a este desorden lleno de misterio y sorpresas. Allí hay de todo, naranjos de dorado fruto, viñas que transforman en glorietas senderos en los que no se nota la subida de tanta sombra y frescura como tienen, higueras que depositan sus frutos casi en el suelo y granados que ofrecen los suyos a la mano del paseante. Sin fatiga alguna y mediante una serie de terrazas desde la que, cuando uno se vuelve, la vista abarca el horizonte más amplio, se llega hasta un magnífico pino de Italia que, aunque mutilado por un rayo, se divisa a varias leguas. Por poco que uno se haya detenido a contemplar este sublime panorama, el jardín, a la vuelta nos parece mezquino y pequeño. Pasaremos con desdén ante la fuente ornamentada de estatuas de terracota que representan las cuatro partes del mundo y sonreimos al leer el nombre de los señores de la casa escrito en macizos de boj como las armas de los reyes de España en los jardines del Alcázar de Sevilla. ¡Ay! ¿No es así como al bajar la pendiente de la vida poco a poco que uno se haya elevado, ve sin placer el camino que tan suave al principio y tan humilde a veces condujo a tan soñado promontorio? Dichoso aquel que se marco una meta más cercana, que tuvo la prudencia de sentarse para acabar de vivir y morir en alguna alameda angosta, aunque fresca y sombreada, sin proseguir jadeante hasta la cima donde la mirada domina un paisaje más amplio pero donde nadie puede eternamente descansar bajo el pino de Italia.

   En 1853, la huerta y jardín del Picacho estaba declarada, a efectos fiscales, siendo sus propietarios los herederos de Vicente Cortés Chacón –marido de Josefa Díaz de Saravia y Díaz de Saravia- de la siguiente manera:

-2 y ½ aranzadas de frutales sin otra siembra, o sean naranjales.
-2 y ½ aranzadas de tierra de secano de primera clase.
-2 y ½ aranzadas de viña de barro de secano de tercera clase.

   Además de otra propiedades rurales, contaban en el lindero pago de Santa Brígida con 7 y ½ aranzadas de viña de barro de secano de cuarta clase. Rodeaban al recreo seis casas por el Carril numeradas del 1 al 7, dos de ellas con bodega, y por la calle de la Alcoba tres inmuebles con los números 8 al 10, el primero como tahona y los otros como casas bodegas. Igualmente poseían los herederos de Cortés cinco casas más en distintas calles (Santo Domingo, San Jorge, Plaza de la Constitución y Rubiños).[v] En 1875 por el Carril de San Diego se ensanchó un hueco, según aparece en una solicitud al Ayuntamiento, no precisándose si de trataba de puerta o ventana.[vi]

   Con mayor rigor y medición aparece la descripción del recreo en el Registro de la Propiedad[vii], donde no están formando un conjunto la mayoría de las casas antes enumeradas. Así pues el recreo en 1879 estaba compuesto por el corralón o picadero, las casas 14 y 16, el jardín y los tapiales. A su vez el jardín se componía del recreo propiamente dicho, al que se denomina “Picachuelo” (primera sección, 1 hectárea 99 área, 78 centiáreas); el terreno de las cañerías (segunda sección, 8 áreas, 83 centiáreas); el sitio del pozo de la noria, llamado “Picacho”; y una suerte de viña, ahora llamada “Arboledilla” (tercera sección, 3 hectáreas, 56 áreas, 36 centiáreas).

   De la primera sección o “Picachuelo” se dice: esta rodeado de tapia ecepto por donde se encuentra enclavado el caserio… de cuyas tapias las del sur son medianeras con la Huerta de San Diego. Su suelo se encuentra poblado de numerosas plantas frutales y de adorno entre las que descuellan el naranjo, peral de diferentes clases, granados, nísperos del Japon, la Polonia, palmeras, cipres, araucaria, pino plata y otras muchas. Se encuentran numerosos y caprichosisimos paseos que por el arte con que han sido trazado facilitan la inspeccion de la finca. En su centro se observan tres jardines en los que abundan los setos formados por yedras, estatuas y jarrones de barro cocido, glorieta, bancos rústicos y demas adornos propio de esta clase de finca. Se encuentra en esta seccion un manantial escaso que se aprovecha para el riego de ella, observandose que a pesar del pozo de la noria y del manantial dicho, esta seccion no puede regarse con la regularidad necesaria por lo que mucho de sus plantas y arboles se encuentran enfermos siendo pues indispensable para conservar esta seccion practicar obras que aunque costosas pueden llevar a ella el agua necesaria para su riego. Encuentrase a la entrada principal de esta seccion un arco formado con estalactitas y piedras irregulares que al par contribuye al embellecimiento contrarresta el empuje de un arco interior de la casa contigua de la izquierda entrando…

   La segunda sección se extiende longitudinalmente desde el punto mas alto del Picacho hasta la calle de Sevilla encontrandose en ella y en el mismo sentido las cañerías que del pozo situado en la tercera seccion conducen las aguas que sirven para riego de las primeras las cuales cruzan las calles de Sevilla y Santa Brigida, no tiene ningun objeto notable ni arboleda alguna…

  De la tercera sección o “Picacho”, lindera con la hijuela de Monteolivete y oeste con cale santa Brigida, se afirma que su perímetro se halla rodeado de vallados y en su centro esta el pozo…y tambien algunos arboles frutales”.

  Concluye el texto del registrador mencionando la suerte de viña llamada “Arboledilla”, pero antes expone su juicio. Estas tres secciones o lo que es igual el jardin del Picacho atendida su situación bellísima, vistas, variedades de plantas y adornos y su cabida total como tambien los costos o de su conservación que hacen tenga poca importancia en la localidad esta clase de finca, la escases de aguas para la alimentación de las plantas causa la falta de vida y lozanía que ellas se notan, lo costosas de las obras que hay que practicar para remediar estas faltas y servidumbres que sobre gravan o estan establecidas hacen que resulten sin incluir todo lo que siendo movible no se encuentre enclavado en el terreno o fabrica.


[i] Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda. Actas Capitulares: Memorial leído en Cabildo de 30.01.1777. Aprobación en Cabildo de 3.04. Leg. 4774.
[ii] PONZ, Antonio: Viaje de España. Madrid: Aguilar Mayor, 1988. T. 4, pp. 752-753.
[iii] GUILLADAS Y GALIANO, Fernando: Historia de Sanlúcar: Madrid: Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos y de ciegos, 1858. Reproducción facsimilar: Sanlúcar de Barrameda: A.S.E.H.A., Sanlúcar de Barrameda, 1990, p. 196.
[iv] LATOUR, Antonio: La Bahía de Cádiz. Traducción y notas de BERMUDEZ, Lola y DÍAZ, Inmaculada. Cádiz: Diputación de Cádiz, pp.145-146.
[v] A.M.S.B.: Libro de Amillaramientos, 1853-54. Leg. 2063…..ue formaba arcos en estalag
[vi] A.M.S.B.: Actas Capitulares de 1875.
[vii] Registro de la Propiedad de Sanlúcar.

viernes, 31 de diciembre de 2010

GALERÍAS MIRADORES

Si damos una vuelta por Barrio Alto de Sanlúcar recorriendo tanto la barranca que sería como un natural lienzo de muralla de la vieja Sanlúcar, como si seguimos su trazado por la calle Almonte y Caridad nos sorprenderán los vestigios de un elemento de la arquitectura doméstica vinculada al patriciado urbano del siglo XVIII que han tomado entre otros modelos el Palacio de los duques de Medina Sidonia. Se trata de las galerías miradores, unidas al jardín y planteadas para ver y ser vistas desde la calle. Estas logias se abren en la crujía trasera de la casa, orientadas algunas veces al jardín escarpado y extendiéndose hasta barranca.
Sus moradores quisieron hermosear estos “belvederes” dando tanto a la galería alta -que es la excepcional- como a la baja un tratamiento formal rico en su composición; sin regateos. Colocan danzas de arcos -sobre columnas y pilares- abiertos y con barandillas o pretiles.
El precedente de logias esta en el palacio ducal.

En la zona sur, concretamente en el apeadero o picadero donde los carruajes entraban por la Cuesta de Belén, ya encontramos una galería alta y baja con arcadas de columnas. Pero sin pretil desde donde se divisa no sólo el propio picadero, sino el jardín y una panorámica de Sanlúcar hacia el mar. Ya menos retranqueda de la muralla y al este del Palacio frente al mar, el palacio nos ofrece diversas galerías,

algunas siempre debieron estar abiertas para mirar y otras cerradas haciendo la función de naves de almacenamiento u otros usos.

Sin embargo la gran galería se ubica al norte y mirando al jardín en todo su esplendor renacentista.





Presentan este elemento la casa de los Wadding-Asthey (hoy Palacio Municipal), la de las Marqueses de Blegua (Casa de Maternidad/Cruz Roja) en la calle de Almonte, y la casa del Pelícano en la calle Caridad.




Galerías miradores de la antigua Casa de Maternidad


Añadir leyenda
Tanto la casa de los Bleguas (Cruzaso de Mendoza/Mergelina/ Maternidad) como la del Pelícano (Grirtialdi/de la Piedra/Angulo) han cegado estas arcadas. Se conservan abiertas las arquerías del Palacio Municipal. Antes de ser casa de los Wadding, tenía su fachada principal por la calle de Almonte, así como el jardín en suave pendiente ascendente; pues por delante, hoy jardín anterior del Palacio, corría el estrecho callejón de Colarte y una manzana de casas -absorbido uno y derribada la otra por los Montpensier- desde donde no se apreciaría el alto belvedere. Probablemente la casa de les Paéz de la Cadena, también incorporada al Palacio, tuviera esta misma disposición.
Trasera de la Casa del Pelícano

Detalle de la portada de la casa de la calle Caridad, denominada
del "Pelícano", pues este símbolo que representa a Cristo aparece
en el centro del entablamento.


Y de los jardines de esta zona además del palaciego, sólo se conserva el de la casa del Embajador Gutiérrez Agüera, agregación de varios jardines colindantes, alrededo de una casa del último tercio del siglo XIX, casi cuatro mi metros con acceso a Almonte, Baños y Ganado.

Galería mirador Casa de Arizón



También de enorme interés es la “loggia” de Casa Arizón, situada en la zona construida en el siglo XVII, desde donde se divisa el apeadero, al cual se entra por la puerta con escudo de la calle Divina Pastora
Con la misma determinación topográfica, barranca/muralla/jardín, carecen de galería alta en el “piano nobile” y las casas en la misma línea que llegan al Carril de los Angeles; por ejemplo la casa trilliza de los Marqueses del Pedroso -calle Eguilaz. Tampoco se detecto esta galería alta mirando al jardín, en el de la esquina calle Descalzas/Misericordia perteneciente a la casa de Pepita Tudó de Godoy, ni en la lindera Misericordia/Trillo, antigua casa de Comisiones Obreras (conservada su fachada, aunque parte del mencionado jardín pudiera haberle pertenecido).
No aparece esta logia alta en las casas a pie de barranco y jardín trasero ascendente: casa de Ledesma -calle Carmen-, antiguas casas de la calle Alcoba, casa de Vargas Machuca -calle Trascuesta-, casa de los Díaz de Saravía -Carril de San Diego, hoy colegio de las Pastoras-. Ni tampoco en los jardines de planta décimonónica, en llano y ládeando a la casa o haciendo esquina, que en el alto de la crujía lateral abren cierros balcones con molduras; y en cambio dan un trata miento formal diferente al enverjado del jardín: casa de Gutiérrez Aguera/García de Velasco/Rabadán en calle Ganado, o la del Conde Aldama/Florido en calle de la Plata- etc. Lo más usual es el galería baja, y solía usarse como jardín trasero en llano, que algunas veces tiene acceso por una galería baja y solía usarse como ante comedor de veranó.
Derivan todos de la casa primitiva de la villa que en su parte posterior colocaba el corralón con establo, lavadero, pocilgas, huertecillo, arriates, abrevadero, excusado etc; lindero por su fondo con otro corralón perteneciente a la casa que abriera su portada al otro lado de la manzana. El corralón se irá sustituyendo, por tanto por un jardín interior, luego ampliado mediante agrupaciones. La casa del Kilómetro (Otaolaurruchi Munilla/Garcia-Monje), casa de La Cave/Nudi/Hacienda en calle San Juan, y Moreda/Manjón en Pradillo-Ganado y otras conservan su jardín interior, casi no visible desde la calle.

lunes, 27 de diciembre de 2010

LA CASA BARROCA

Iniciamos este artículo de Recóndita ciudad con unos apuntes sobre las características generales de la arquitectura doméstica del siglo XVIII, se va perfilando en la centuria anterior con la ampliación de fachada, aumento de vanos y creación de patios principales. Caserío que inunda nuestras calles formando una parte importante de nuestro patrimonio cultural. En otros números abocetaremos, casa por casa, la descripción formal de sus elementos, así como la intrahistoria que reflejan el modo de vida de sus distintos moradores.




Podríamos afirmar que la casa barroca del siglo diecisiete es la casa tradicional por excelencia en Sanlúcar, al menos en las capas más elevadas de la población. Se prolonga y toma nuevas funcionalidades en el siglo siguiente, aparte de la de ser habitat. Adopta otros elementos barrocos en sus portadas, pero injerta también notas clasicistas sobre todo en la volumetría y en la distribución de espacios, que nada tiene que ver con el neoclásico isabelino del siglo romántico. En la casa dieciochesca han desaparecido ya las portadas apeaderos con acceso a un patio secundario de caballerizas.




Tanto el alto como el barrio bajo conserva estas casas, si bien en aquél se aprecia mayor número, en una diferencia porcentual de casi diez. En general, presentan dos plantas con cubiertas de tejado árabe de seis y medio a poco más de ocho metros de altura. Pueden tener una tercera planta de menor altura que las anteriores, el sobrado o “soberao”, donde también se abren balconcillos, y en cuyos tejados, en contadas ocasiones, se insertan unas buhardillas miradores o mansardas. En la crujía exterior, puede erigirse una torre mirador, que generalmente suele crecer desde la segunda planta en la línea de fachada.




La planta baja gana mayor altura que la alta, pues el comerciante mayorista la emplea para depósito de mercancías, vinos y aceites etc. Con poca frecuencia, esta planta abre unas ventanas altas bastante alejadas del suelo bien para la ventilación del almacenado, o para luz, necesarias cuando se introduce un entresuelo con función de oficina o de secadero de grano -idéntica función que el soberado-.
Por la parte superior, carece la casa barroca originaria de pretil o antepecho en la línea de azotea. En posteriores remodelaciones, incluso se coloca sin aplanar techumbre, escondiendo su tejado a dos aguas.
La casa barroca, siempre atemperada ornamentalmente, deriva de la renacentista que, a su vez retoma desde su interpretación de lo grecolatino el modelo morisco andalusí. La casa barroca mantiene el zócalo en la parte inferior, que pervivirá en el pasar del tiempo, variando en altura y tipo de material.







Los huecos del muro exterior tienen las mismas proporciones en ¡as dos plantas, son amplios en superficie y separación entre ellos. Los cierros están enrejados, o a ras del muro sobre, o sobre una larga bandeja de notable vuelo si se comparan con los de la casa decimonónica, la que, además, añade miradores y pequeños balcones con caja de madera acristalada. También se rodean con un marco de suave resalte de unos treinta y cinco centímetros.
Sobre la portada, se coloca un gran y a veces único balcón de doble largo y mayor vuelo que los cierros. De la bandeja de los balcones, salen como ramas de hojarascas jabalcones de hierro forjado -en algunos casos-. Los balcones pueden coronarse con guardapolvos de pizarra con filigranas de hierro y escuadras con cantos en roleos al igual que los cierros.
En líneas generales, dos tipos de portadas, sobre las que recae el balcón principal, conviven en el siglo de las luces: la tradicional de ladrillo enfoscado y en resalte simple formando una letra hache de brazos cortos, atravesada por un moldurón; de ésta deriva otra de resalte compuesto que, o bien se rodea con moldura (rota en el centro del dintel con una cartera para colocar el móvil blasón), o bien se le añade un friso-cornisa con canecillos cúbicos -dentículos-, o la suma de ambos.




Y la barroca dieciochesca conjuga tres variantes según formas y material: la apilastrada (dos pilastras con cimacio -de orden compuesto- que sustentan un friso más entablamento volado que recoge la bandeja del balconaje) y con molduras mixtilíneas alrededor del hueco, ya de ladrillo -casa trilliza de Pedroso en calle Eguilaz, o la de Arizón-, ya de piedra que incluso bordea el hueco del balcón principal como la casa de Ledesma (calle Carmen esquina Carril), la del Pelícano (calle Caridad). Y la portada con el mismo esquema anterior, pero con pedestal más columnas semiexenta: Casa Consistorial, la de Gómez de Barreda, la de Monteros, etc.

jueves, 23 de diciembre de 2010

GUIÑOS REPUBLICANOS

Desde la proclamación de la I República hasta su caída, en todas las ciudades y pueblos se produjeron cambios simbólicos que, debido a su visualización o vocalización repetida, sirvieron para no sólo conmemorar el acontecimiento del cambio del régimen sino para la propia aculturación de la población.



Por supuesto, todas las calles con toponimia borbónica, ya de la Casa Real ya de la Casa de los Orleáns-Borbón desaparecieron del nomenclator y trocaron de nombres. Algunas de éstas habían sufrido el cambio con anterioridad a la proclamación de la República. Aún no habiéndose podido con los nombres tradicionales, ni con el peso de la costumbre volvieron a recibir nuevas cartelas y denominaciones. La plaza del Pradillo (de San Juan) se llamó Plaza de la República (1932); la Calzada de la Infanta se denominó con el nombre de un republicano de raíces burguesas: Paseo de José Colom y Víctor; así como la calle de la Victoria donde tuvieran la casa matriz la potentada familia heredera de Eduardo Hidalgo Verjano, se llamó José Hidalgo Colom, personaje republicano y de convicciones religiosas similares al anterior, y probablemente masón. La emblemática Calzada (que se había llamado de la Reina la Mercedes) se transforma en Avenida de la Republica.

Nombres figuras políticas del ámbito nacional también dejaron su rastro en el callejero sanluqueño: Salieron en la anterior Plaza de San Francisco, Pí y Margall en la calle Ancha; los escritores o filósofos como Blasco Ibáñez en el carril de San Diego y Carlos Marx en la Plaza de Madre de Dios. Dos fechas gloriosas para el nuevo régimen dieron nombre a la calle San Nicolás: Dieciséis de Febrero; y a la de San Agustín: Seis de Octubre.

También fueron reconocidos los republicanos locales. Patricio Caparro (en la anterior calle Pirrado), Liberato González Talavera (Plaza de la Aduana) y numerosas figuras como Luis Sirval, Istrati, Diego Gallego, Sargento Vázquez, José María Martínez, Ferrer Guardia. Sólo una mujer dio nombre al callejero sanluqueño: Aida Lafuente al viejo Carril del los Ángeles).

El doce de junio del 31 ya había el Ayuntamiento acordado que se cambiaran los símbolos monárquicos del escudo de la ciudad a propuesta del primer Teniente Alcalde Elicio Serrano – que en 1925 recibió permiso del Ayuntamiento para levantar un quiosco en la plaza de Alfonso XII o del Cabildo “pro cultura pública” para la venta de librería y prensa; quien fue fusilado tras el triunfo del “Movimiento Nacional”-. La corona mural sustituía a la real: la puerta principal de la Plaza de Abastos probablemente cambiara el escudo -hoy subsistente- así como la cartelería municipal que anunciaba las “hermosas playas y el verañeo” de Sanlúcar. Curiosamente hasta el 36 había permanecido el escudo monárquico del techo del salón de actos del ayuntamiento donde hasta la rehabilitación del edificio para biblioteca figuraban la Corona, el toisón y las tres flores de lises, pues el trece de marzo el sexto Teniente Alcalde Pablo Repetto Rey instaba para que desaparecieran dichos símbolos.

Otro hecho podría interpretarse como laicismo a través del silencio o abstención (y la no asistencia del alcalde a este acto) con la iglesia local se produce cuando se instruye por el Ayuntamienteo una instancia presentada por el sacerdote José María Márquez León para colocar una lápida en la casa puerta que habitó el Arcipreste José Fariñas Anayaen la calle de su nombre
En el transcurso de este periodo los sanluqueños vieron como veintiséis calles trocaron sus nombres. Así pues, el 21 de mayo de 1.931, la Plaza del Cabildo se llamó, de la Libertad; la Calle Ancha mudó en Pablo Iglesia, la Calle San Juan en Alcolea, y la Calle de la Bolsa o Infanta Eulalia tomó el nombre de Hermanos Martínez Nuñez.

Como hecho realizado en la Calzada de la República (después del Ejército, hoy de la Duquesa) por la sección de obras públicas del Ayuntamiento hay que mencionar el cercado de esta avenida por ambos lados en 1935, cuyas paredes se proyectaron para numerosos anunciantes, de los cuales veinticuatro fueron de vinos y manzanilla.




miércoles, 22 de diciembre de 2010

LA CASA DE "MUEBLES MUÑOZ"

La casa de la empresa “Muebles Muñoz” esta situada en la calle San Juan haciendo esquina con la de Ruiz de Somavia o antigua calle del Mirador de Madre de Dios, y ha sido restaurada por el propietario de la empresa, Manuel Muñoz, y consolidada al dársele una función comercial, con el criterio restaurador de la "mínima intervención"; de modo que hemos ganado otra gran casa para el patrimonio cultural de Sanlúcar. La única falta en esta restauración resulta de haber añadido ina tercera planta por la crujía recayente a calle Mirador, habiendo eliminado su antiguo tejado, aunque no se ha producido una fuerte disonancia visual.
Desde 1756, hay noticias de esta gran casa, que pertenecía al gran comerciante con América y político local: Félix Martínez de Espinosa (la casa matriz de los Martínez era la de la calle Descalzas, conocida como la de Godoy). Se describe como vivienda con alto y bajo de veintiséis varas de frente y cincuenta y ocho de fondo. Lindaba por la calle San Juan con la de la capellanía de Catalina Romero Eón del Porte y por la calle Mirador con cinco casas más de Martínez de Espinosa hasta limitar con la casa grande de la Plaza de la Victoria. Comprendía cuatro bodegas con cabida para 4.560 arrobas de vino, hoy inexistentes.




Posiblemente fuera por entonces la típica casa tradicional de tres amplios huecos exteriores en cada planta y con el interior centrado por el patio, lo raro es que tuviese la escalera de dos tramos en la crujía trasera, poco propio del siglo XVIII.
En 1868 la adquiere el comerciante y constructor onubense Antonio Lazo Rebollo, transformándola dos años después, como lo indica el juego poligonal de lozas en el suelo de la casapuerta (A.L). Abrió cinco huecos en las dos primeras plantas y en la tercera o granero nuevo, separando el paño de fachada con pilastras almohadilladas y pareadas sin capitel en la primera planta. La segunda hasta la cornisa y el antepecho se unían con pilastras acanaladas con capitel, generando un aspecto externo fastuoso. Dan relieve a la casa, además de las pilastras, los juegos de molduras de la cornisa, de las ventanas del “soberao”, las que separan éste con el piso principal, la de los huecos de los balcones, y la de las bandejas de cierros y balcones, dándosele un tratamiento especial a la del balcón principal donde se juega con molduras lineales y curvas, con semejante trazado del herraje de la barandilla en hierro moldeado, pero muy recargado




La crujía de la fachada avanza por la calle Ruiz de Somavia hasta seis metros, y mantiene el esquema de las calles extremas de la fachada: cierro bajo con escaso vuelo en el bajo, cierro de caja de madera con amplio vuelo en el piso principal y ventana con arco escarzano en el tercer piso. No obstante la casa se prolonga por esta calle otros diecinueve metros más, formando otra crujía de dos pisos cubiertos con tejas a dos aguas y abriendo al exterior en el primero varios balcones de mayor sencillez que los de la fachada y en el bajo ocurre lo mismo con los cierros que se interrumpen por la gran puerta de la cochera. Siendo de veinticinco metros tanto la fachada principal como la lateral se observa el distinto tratamiento decorativo.
Pero un elemento que define a casas y bodegas de estos años de 1870, coincidiendo con la restauración monárquica y un alza económica de Sanlúcar, es el abrir ventanas con suaves arcos escarzanos y así lo vemos en la casa del Ministro Malcampo en la calle Santo Domingo, pegando con la Iglesia de San Nicolás; en la bodega de “Vinícola Hidalgo” de Banda de la Playa o en la de González en la de la Plata.
Llama la atención el espléndido patio de cuatro galerías a su alrededor con ocho columnas con dos arcos muy rebajados en cada lado, y otros arcos de medio punto que danzan hacia la pared. En el piso alto, las galerías también se sostienes con arcos escarzanos, pero sostenidos por pilastras. El patio mide ciento treinta y dos metros cuadrados, óptima medida para una casa con superficie de setecientos ochenta metros cuadrados. Este patio se cubre con lozas de mármol blanco, que alternan con otras negras de distinto material. También se hacen notar los techos de la casapuerta, las habitaciones principales y de la escalera principal, pintados con motivos alegóricos que le dan calor y colorismo. Hoy día restaurados por su actual propietario.
Después de los embargos de la casas sufridos por Antonio Lazo y sus herederos, pasa a Manuel Hidalgo Colom (padre) en 1912 como indica el arco superior de la cancela decimonónica y le añade algunos elementos decorativos modernistas en las cristaleras de colores de las galerías altas –cerradas con hierro con dos arcos en cada tramo de galería, decoradas con abigarradas guirnaldas- y en la montera. Es probable que también recubriera las paredes de las habitaciones bajas y del propio patio con bellos azulejos, propios para evitar la humedad.
Resulta muy hermosa y con el sabor de la casa primigenia la cochera cuyo techo luce la viguería, de madera noble como deben de ser las ocultas por los techos rasos pintados.
Por estas fechas la casa ha disminuido de dimensiones, que son las actuales y pocas reformas se hacen, sólo obras de mantenimientos y así la hereda Manuel J. Hidalgo Colom (hijo) y la recibe en donación su hija Dolores Hidalgo Otaolaurruchi que la vende al actual propietario.

LA CASA DE MUÑOZ (2). LOS MARTÍNEZ DE ESPINOSA.

Esta casa de estilo neoclásico, pudo ser proyectada por el que fuera arquitecto municipal Baldomero Botella, autor entre otras casas de la de Vila en la calle Bolsa-Capillita, aunque a diferencia del resto del caserío de este estilo, más sencillo, presenta un aspecto más en línea con el mismo estilo civil de Cádiz.
Nos informa sobre esta familia el historiador Velásquez Gaztelu en su Catálogo de personas ilustres y notables de Sanlúcar de Barrameda. De Mateo Martínez de Espinosa, fundador se la familia en esta ciudad, nos apunta que fue un “opulento negociante de esta ciudad, de quien hay muchas memorias en los libros capitulares…que comienzan en cabildo de diecinueve de septiembre de 1712”. Entre sus varios hijos, el primogénito llamado Félix desempeñó el cargo de Contador de lo público, con voz y voto de Regidor Perpetuo, por la que anualmente cobraba 88 reales de vellón que se lo pagaba la ciudad de sus propios, y percibía por lo mismo en concepto de utilidades 825 reales.
Entre sus obras como miembro del Ayuntamiento destaca su intervención en la construcción del Mercado de Abasto, donde se le recordaba en una antigua lápida en la pared de las Covachas, al pie del jardín ducal: 1.744.-Reinando la Católica Majestad del Rey Nuestro Señor Don Felipe V: Siendo Gobernador de lo Político y Militar de esta plaza el brigadier don Salvador José Roldán y Villalta, esta novilísima ciudad atenta al mayor beneficio de su pueblo, hizo edificar estas oficinas, fijando su dirección a la aceptación y conducta de sus diputados don Francisco Lucas de Ledesma, del Consejo de S. M. caballero de la Orden de Calatrava; don José García Poedo y don Félix Martínez de Espinosa, regidores perpetuos de ella, y se concluyeron el año de 1744.
Como hombre del comercio alcanzó el más alto grado en el Consulado de Cargadores a Indias, Prior, en 1781. A esta asociación mercantil, con Tribunal de Justicia que entendía en materia comercial, y que casi dirigía el monopolio sevillano y luego gaditano con América al que perteneció una minoría dirigente, cuyos líderes podían reducirse a un grupo de 90 personas. También se les llamó cargadores-cosecheros y cargadores-hacendados pues comerciaban con sus propios productos: vinos, aguardientes, vinagres y aceites, por lo que estaban dominando propiedad, producción y actividad mercantil. Este es el caso de Félix Martínez de Espinosa, quien poseía 87.5 aranzadas de tierra en La Palmosa, donde tenía plantado olivar, viña y sembraduras de trigo y con su casa de campo para la gente trabajadora compuesta de vivienda alta y baja con colgadizo y lagares; así como tierras en Monte Olivete con las mismas siembras, casa de campo con bodega de cabida de 3000 arrobas y cuatro almacenes de aceite y molino de aceite.
Casó en segundas nupcias con la portuense de ascendencia flamenca (Lieja) Ana María de Wintuysen. Compró enterramiento en la Iglesia de la Merced (Capilla del Espíritu Santo), en donde sólo se enterraban hasta entonces los altos cargos administradores de la casa ducal de Medina Sidonia. Así, este panteón perteneció a Guillermo Grifarte, veedor y agente general de la Casa de Guzmán, pero al morir sin sucesión, la comunidad de los mercedarios la vendió a esta nueva familia. Félix Martínez de Espinosa Wintuysen en 1784 gravó la casa de la calle San Juan y cuatro más pensando en el enterramiento y almas de su familia: Primero, la entrega de tres arrobas de aceite cada año al Convento de la Merced para que de día y de noche estuviera perpetuamente encendida la lámpara de su capilla del Espíritu Santo; segundo, tres pesos de a quince reales de vellón para la limosna de tres misas cantadas cada año perpetuamente en la Capilla, una en el día primero de Pascua del Espíritu Santo, otra el dos de mayo festividad de San Félix y la otra el día de Santa Ana por sufragio de las almas de sus padres y otras intenciones. Además los herederos del Vínculo y Mayorazgo de Martínez de Espinosa quedaban obligado a mandar celebrar quince misas rezadas el día de aniversario de su fallecimiento o el de su esposa, cuatro reales de vellón por misa y también diez ducados para las honras fúnebres, poniendo la cera el Convento de mercedarios. Se valoró este censo en 1868 en 27.780 escudos, y fue redimido en 1905 con el nuevo valor de 1791 pesetas y 66 céntimos, a favor ya no de los mercedarios, desamortizados y exclaustrados, sino de los herederos propietarios de la Iglesia, cuyo fundador había sido Manuel Alonso Pérez de Guzmán, los Marqueses de Villafranca.
Entre los bienes de Feliz Martínez de Espinosa (1752), además de las casas de calle San Juan y Mirador contaba con otras en Calle Descalzas (conocida como la de Godoy), en calle San Juan de Dios. Sus rentas anuales como cargador a Indias ascendían a 15.000 reales de vellón, siendo el décimo quinto más rico con igual renta que Felipe del Villar, José Barrero o Teresa Monge Arizón. En la lista de cargadores se sitúa el primero Salvador Arizón con ingresos de renta por valor de 120.000 reales de vellón, y el segundo Manuel Rodríguez Pérez con la mitad.
Entre sus hermanos (José-clérigo de menores- Isabel, Agustina, y Teresa, madre del ilustrado Lucas Marín Cuvillo), Juan fue su teniente en el oficio de Contador de lo Público y compartía con los demás hermanos casa en la calle Descalza lindera con la de Feliz. Aquél casó con María Carrillo y Novela, hija del regidor Diego Carrillo. Ambos tuvieron hijos marinos.
Miembro de esta familia fue Juan José Martínez de Espinosa (1826-1892), que estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y fue discípulo de Juan de Ribera. Desempeño la Cátedra de Teoría e Historia en dicha escuela y presidió el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Participó en las exposiciones nacionales de 1856, 58 y 60; y en las universales de París, Londres y Madrid, obteniendo medallas y menciones honoríficas. Su obra: La muerte del capitán Romero en el sitio de Zaragoza estuvo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Practicó el aguafuerte y fue autor de láminas de grabado, publicadas en revistas. Murió en Cádiz.
El último morador de esta casa fue Juan Nepomuceno Martínez de Espinosa que la vendió al gaditano Manuel Matheu Parody en 1861 y éste siete años después a Antonio Lazo.

DE LAZO A HIDALGO.

Lazo pagó por esta casa junto con las cinco colindantes 27.780 escudos, pero ya en 1887 las hipoteca tras recibir un préstamo de 40.000 ptas. A pagar al ocho por ciento en cinco años a favor Antonio Pérez de Nueros Páez de la Cadena. En el mismo año, toma en préstamo otras 35.000 ptas e hipoteca las fincas antedichas más ocho más, esta vez por tres años y al nueve por ciento y a favor de Antonia Núñez Harana –madre del bienhechor de la Iglesia, Antonio Picazo Núñez-. Cancela sus hipotecas en las fechas correspondientes.
La ruina de Antonio Lazo Rebollo es patente y sufrirán las irreversibles consecuencias sus herederos, cuando murió en 1891 a los 66 años en la casa de San Juan 24. El hijo de Alosno (Huelva), emigrado a Sanlúcar tal vez en busca de oportunidades lejanas a las minas, aquí había empezado su carrera comercial y de constructor y la culminaría en 1889 al ocupar en número veintiuno en la lista de los mayores contribuyentes a la hacienda local. En 1876 pagaba impuesto por la casa de la Calle San Juan 14, las de Mirador 3, 5, 7 y 9, por otras en calle Pescadería 15, Palomar 6, Bolsa 33, Santo Domingo 11, Mar 3. También contaba con una bodega en Pescadería 8, ahora bien desconocemos si se dedico al negocio del vino, lo que esta claro es que carecía de viñas.




En 1894, las casas de la calle San Juan y las de Ruiz de Somavia más otras ocho fincas caen en embargo preventivo a instancia de Juan Argüeso Gutiérrez, Francisca Díez Argüeso, Manuel e Isabel Argüeso Lucio –eran los herederos de León de Argüeso y de sus herederos, que continuaron con el negocio financiero del burgalés. La viuda de Lazo, Lucía Morón, y sus hijos quedaron embargados por no responder a su deuda de 610.425 ptas., frutos del préstamo. En 1911 se sacó a subasta las casas, pero al no presentarse postores, se volvió a sacar a subasta con la baja del 25%, presentándose como único postor Rogelio Fernández del Collado y ofreció por la finca 27.615 pts., que las remató en el acto y a nombre de Manuel Hidalgo Colom (padre). La finca, deducidas las cargas, se liquidó en 24.248 pesetas.
El nuevo morador de la casa de la calle de San Juan, Manuel Hidalgo Colom pertenece a la tercera generación de su familia, la cual fue fundada en Sanlúcar por José Pantaleón Hidalgo Bustillo (1779-1825), a diferencia de otros montañeses fundadores de empresas vinícolas que iniciaron su andadura comercial con el típico almacén-taberna, éste presenta otro perfil. Nacido en el Valle de Castañeda (Santander), se instaló en Sevilla, al amparo del negocio de imprenta y venta de libros que detentaba un tío suyo, y que en 1864 giraba con el nombre de “José Hidalgo y Compañía”, sita en la calle Génova. Su ideología liberal y afrancesada le llevó no sólo a vender libros prohibidos, sino también a colaborar con los invasores franceses, para los que abrió una biblioteca. Con el restablecimiento del absolutismo, perseguido por la Inquisición, y dadas las duras represalias contra los liberales, se refugió en distintos lugares, hasta llegar a Sanlúcar. Sin dejar la imprenta sevillana, en donde contaba con un socio, y de la que fructificó un gran capital, compró en 1818 la casa-bodega de la Plaza de la Victoria, en la que posteriormente construiría dos bodegas más.
Durante catorce meses estuvo casado con la gallega Fermina Verjano, que le dio un hijo póstumo. A su muerte, sus bienes se valoraron en 1.908.019 reales, siendo una tercera parte el valor de la imprenta y librería. Su viuda con los bienes que heredó (381.603 reales), junto a su suegro Roque Verjano, administraron y acrecentaron esta fortuna y la de Eduardo Hidalgo Verjano (1825-1889) como mínimo hasta 1850 que madre e hijo constituyen una sociedad. Con la compra de la Hacienda de Miraflores entre 1852 y 1865 y otras fincas rústicas, pasa Hidalgo de productor y almacenista de vinos a cosechero. Igualmente se introduce en la ganadería, y en el negocio de las salinas, al tiempo que explotan tierras de otros propietarios (Cortijo de Évora y Mahína), invierten en inmuebles urbanos, tanto casas como bodegas.
En 1876 ya era Eduardo Hidalgo el mayor contribuyente a la hacienda local, siendo su activo alrededor de 22.572.8530 reales. Pero paralelamente a su dedicación a los negocios, lleva desde 1854, que fue concejal, una activa vida política. Durante el Bienio Progresista fue nombrado Capitán Comandante de Caballería de la Milicia Nacional (1855) y a los dos meses fue condecorado como Caballero de la Orden de Carlos III, a la que renuncia en 1870 tal vez por sus sentimientos republicanos. Lideró la revolución del 68 más antimonárquica que progresista, más festiva que real, presidiendo la Junta Interina Revolucionaria y luego el Ayuntamiento. Se mantuvo en el partido liberal, llegando de nuevo a la Alcaldía de Sanlúcar en varios mandatos. Protagonizó como Alcalde el acontecimiento grande de la inauguración del ferrocarril en 1877.
Su labor como hombre de empresa vitivinícola fue reconocida, pues en 1883 preside la asociación de “Vinateros unidos de Sanlúcar de Barrameda”, probablemente la primera de esta naturaleza.
En 1889 muere, dejando en testamento a su viuda un tercio de sus bienes –a los que renunció Josefa Colom-, más en concepto de gananciales 2.476.860 pts., de donde dona a cada hijo 40.000 pts., el resto de la herencia queda repartida entre sus diez hijos. Parte de estos bienes quedan reunidos en la sociedad vinícola “Viuda e Hijos de Hidalgo y Cía.”.
A partir de entonces toma protagonismo empresarial Manuel Hidalgo Colom (1860-1924), que ya en 1881, junto a su hermano José establecieron un negocio de exportación de vinos financiado por su padre, curiosamente ambos fueron también concejales, uno en 1893 y otro en 1897. Por 1906 giraba a su nombre la imprenta sevillana de su abuelo. Procuró mantener la sociedad familiar aunque fuera con cuatro de sus diez hermanos y así se constituyó en 1909, ya muerta su madre, la compañía reguladora colectiva “M. Hidalgo y Cía.”, en donde llevó la dirección durante catorce años. Por otra parte inició independientemente su propia empresa bodeguera al ir comprando desde 1891 a 1918 varias casas y bodegas entre el Callejón del Truco y el de Madre de Dios y de sus propios caldos salió la marca de la manzanilla “La Cigarrera”, todavía hoy en el mercado.
Manuel Hidalgo casó con su prima gaditana Emilia Colom Milanos, la cual aportó al matrimonio sólo ocho mil pesetas, y les sobrevivieron dos hijos que llevaron sus mismos apellidos: Manuel José y Emilia Hidalgo Colom. A su muerte, sus bienes fueron valorados en 877.296 pts., de las que 653.000 pts. correspondían a 653 acciones en “Vinícola M. Hidalgo y Cª.”, y 40.000 pts. el valor de la casa ce la calle San Juan 14.
Manuel J. Hidalgo continuó la andadura de su padre tanto como accionista de Vinícola, y gerente como con la explotación de sus bodegas propias de la calle del Truco y su manzanilla “La Cigarrera”, también fue concejal del Ayuntamiento. Casó con Dolores Otaolaurruchi Gómez de Barreda, y sería su hijo Rafael Hidalgo Otaola el continuador de las bodegas “La Cigarrera”, actualmente de sus herederos, girando con el nombre de “Pilar García de Velasco. Viuda de R. Hidalgo”.

martes, 21 de diciembre de 2010

QUIOSCOS: SENCILLEZ Y DONAIRE

Aunque puedan pasar casi advertidos por su modestia y escasez, los quioscos son un elementos configurador del espacio urbano; tanto como una fuente, un ajárdinado o una escultura conmemorativa. Alteran estos templetes la estética inicial del lugar donde se coloca, procurando e la mayoría de los casos mejorarla.

Quiosco del Palacio Municipal
De estilo oriental como su propio origen -el “Kusk” árabe-, se utiliza en ‘principio en los jardines, tomando carta de naturaleza en la Europa dieciochesca; se dearrolla en el romanticismo al contactar los imperios con la media luna y el lejano oriente. En España, el estilo árabe deja de beber en Oriente al autocontemplarse en su propia tradición musulmana y mudéjar. Discurren sus formas a modo de tanteo (neoarabismo, alhambrismo, eclecticismo) hasta que en Andalucía se consagra como propio de la región, dando lugar al neomudejar que a veces se vinculan en e1 plateresco.
De, los jardines, estos pabellones pequeños, abiertos, por todos sus lados, de planta generalmente redonda, ochavada, pasan a las plazas públicas, paseos y calles. A veces se despojan de su original estilo árabe, aunque suelen mantener la típica celosía; tienden a cerrarse, al tiempo que multiplican sus funciones.
Mantienen un parentesco con el cenador enredado de plantas trepadoras propio de una glorieta de un parque o jardín, o con la pérgola.




Ya no sólo son lugares para descansar, tomar el fresco o recrear la vista, sino que también en los sitios públicos servirán para la venta menuda de periódicos; flores, fósforos, chucherías, fritos o refrescos (aguaduchos); para urinarios, para tapar “ingenios” (pozos, red eléctrica, alcantarillas...); para situar a los músicos, para pajareras... etc. Derivarán los quioscos en los pabellones de recreos, de casinos de exposiciones y de las propias casetas de baños.
Permanentes o efímeros, según su material de carpintería o, albañilería -generalmente de ladrillo-, incorporan el hierro en su fábrica o incluso se conviérten en una arquitectura del hierro, usada a mediados del pasado siglo XIX en Sevilla (Puente Triana, Mercado de Entradores).
De esta pequeña arquitectura -por su tamaño- subsisten en Sanlúcar algunas muestras que datan de principios de siglo: quiosco de ingenio en el jardín delantero del Palacio de Orleans, quiosco mingitorio, luego de venta menuda en la Plaza de San Roque; y los pabellones ubicados en la Calzada: Rifa de los Pobres y el antiguo Círculo Mercantil (actual Oficina de Turismo).

Como un trampantojo puede un quiosco aumentar, disminuir, imitar, concentrar, dispersar un espacío a cielo abierto; además de embellecerlo gracias al propio diseño, casi siempre con él fin de recrear al transeúnte.

Existió en la Plaza de San Roque un mingitorio público haciendo esquina con la calle de los Sastres. En 1923, el Ayuntamiento pretendió modificarlo. Los vecinos de la plaza alzaron sus protestas mediante las que solicitaron no sólo el cierre de aquél, sino la no apertura de ningún otro por ser “un ataque a la moral pública y además resulta antihigiénico por las emanaciones insalubres que produce y que más de notar por lo reducido de la plaza”. El Cabildo, al no encontrar otro sitio apropiado con madronas y tuberías de agua potable, rechazó la pretensión de aquellos particulares; sin embargo, decidió que el nuevo quiosco de necesidades se estableciera en la plaza, más que fuera cubierto, cerrado y con una sola puerta de acceso.




Con estas pautas iniciales, el arquitecto municipal, José Romero Barrero, proyectó al año siguiente dos quioscos similares, uno para la playa -que no se levantó- y otro para la Plaza de San Roque, hoy convertido en puesto de venta de “chucherías”.
El primero fue concebido con planta rectangular y dos puertas de acceso, pues el quiosco se dividía en dos partes por medio de una pared central, una para urinarios y otra para retretes. En alzado, los lados de acceso se constituían en tres cuerpos: el primero, en su eje central, abría la puerta cuyo dintel casi marcaba la altura. En ambos lados, dos huecos alargados cuyos dos tercios superiores estaban cerrados con un entramado probablemente de cristal y el tercio inferior, a modo de pretil, se ahuecaba con unas ranuras longitudinales abiertas a la ventilación.





Una moldura marcaba el tránsito al segundo cuerpo del edículo: un friso con tres celosías con la misma anchura y situación que los huecos inferiores. El establecimiento sostenía un tejado vidriado y coloreado a cuatro aguas que se remataba con una figura de porcelana.
En cambio, el quisco de la Plaza de San Roque, aunque con estructura octogonal, mantenía las mismas características: cuerpo inferior a modo de zócalo en rodapies -sin ranuras de ventilación como el anterior-, y por encima las ventanas y puerta (giratoria); friso de celosías, y tejado con remate cerámico.
Ambos quioscos, en ladrillos finos colocados a testaceum, enlazan estilísticamente con el bárroco templado andaluz, pero adaptado al nuevo discurso arquitectónico del “regionalismo neobarroco”. Por tanto se acerca más al “aediculum” clásico, que al “kurs” árabe, sin embargo de éste toma la solución de la celosía apropiada para la luz, la ventilación y el cierre a la vista.








José Romero Barrero dotó a estos dos quioscos con sencillez y donaire. Siguió las mismas líneas que el resto de su producción arquitectónica en Sanlúcar, Como ejemplo caben la reforma del -Hospital de San Diego, el hotelito de “Manuel Domínguez -y sociedad” (1914), cerca de Las Piletas, o la casa de Vidal Gutiérrez en la calle de las Cruces esquina a Diego Benítez (1926).
Fue Romero Barrero nombrado arquitecto municipal en 1916 con la condición de hacer visitas semanales a la ciudad desde Cádiz. Dos años después fue contratado con carácter efectivo hasta 1931: En su actuación gaditana se distinguió por las obras del desaparecido Balneario de la Victoria (1907), “una de las primicias andaluzas en la tectónica de hormigón vaciado’en encofrado de madera”. También siendo arquitecto de la Diputación, y en el mismo estilo modernista que el Balneario fue autor de la Casa Mayor en la calle San José 34.