miércoles, 18 de julio de 2007

COMERCIOS CON ANTIGÜEDAD. “CASA LORA”

COMERCIOS CON ANTIGÜEDAD. “CASA LORA”




De carácter emprendedor, motivada por contingencias familiares adversas, era Rosario Lora Vallejo (1888-1956), sanluqueña y fundadora del negocio existente actualmente en la calle Ancha nº 37. Por su ambiente familiar conocía el mundo del pequeño comercio. José Lora Borrego, su padre, había venido a Sanlúcar desde su natal Morón de la Frontera (Sevilla) para “buscarse la vida” y, probablemente empezara como dependiente. Lo cierto es que en 1871, ya casado con la sanluqueña Josefa Vallejo García, ejercía como confitero y vivía en la calle Don Claudio 6; y en 1877 como tejedor y en el Carril. Doce años después ya tenía un comercio en la calle Santo Domingo en donde vendía cristal, artículos de perfumería y quincallas, que al poco tiempo trasladó a la cotizada calle Ancha o Duque de Montpensier, (hoy “Banesto”). Al enfermar y luego morir José Lora, la joven Rosarito Lora arrostra con el negocio de su padre -tras dejar sus estudios en el colegio-, primero junto a su madre y luego a solas.
Aparece en su vida Manuel de Diego Brignole, sanluqueño de ascendencia cántabra y genovesa, con el que se casa en 1913, pero le condiciona a desprenderse del negocio y a dedicarse exclusivamente a la labores de su casa.
Durante siete años de matrimonio es la consorte del secretario del Juzgado Municipal, también hombre de negocios (tablajería, bodegón), quien además por afición taurina representó a unos contratistas sevillanos que explotaban la Plaza de Toros, y dado su prestigio fue Presidente del Círculo de Artesano. Es la cuñada del Hilario de Diego, Director de El Profeta y La Voz de Sanlúcar, conocida publicación con una sección literaria, donde iniciaría sus “balbuceos literarios” Manuel Barbadillo.




En 1921 muere Manuel de Diego, dejando a su viuda con tres hijos pequeños de seis, cinco y un año; una tía hermana de su madre de unos 80 años y una sobrina en una difícil situación de la que había que salir hacia delante. Alquila un local digno en la calle Ancha 15, bajo la condición de quedarse con la planta primera en cuanto que se fueran sus inquilinos. Mientras se instala la familia en la trastienda. Rosario Lora conocía el negocio de sus padres, pero lo que había traspasado era una zapatería. De manera que comienza la aventura empresarial, en principio consistió en vender los zapatos y, luego hacerse con los géneros conocidos de bordados, encajes, perfumería, bisutería…
Empiezan los años felices, en la Guía de Sanlúcar de 1927 se anuncia “PERFUMERÍA ESPAÑOLA DE VIUDA DE DIEGO. Casa especial en medias y calcetines de todas clases. Lana y sedas para hacer labores. Bisutería, Camisería, quincalla y paquetería. Ancha 15”.
Durante la Segunda República la calle Ancha fue un foco de revueltas y huelgas, que se manifestaban en el cierre de las tiendas o en el rompimiento de escaparates: crisis. La guerra civil y la movilización de los jóvenes dejaron también sin los varones a la viuda de Diego. Con toda probabilidad, la escasez dejaría sin géneros al negocio en los años de posguerra. La situación debió generar solo a corto plazo pingüe ganancia, puesto que en 1938 la viuda pide permiso al Ayuntamiento para construirse en la Calzada una casa, y en 1940 otro para levantar un “hotelito” también en la Calzada, pero haciendo esquina con la avenida de la Estación (ambos existentes), dándosele el nombre de “Virgen de la Esperanza” –advocación venerada por la familia. De cuya Hermandad tan marinera fueron cooperadores, cofrades y directivos madre e hijos, incluso José María Lora -abogado-fundó una Cofradía en Cuenca.
El verde de la Esperanza dominó como color en la fachada del comercio desde 1946: los rótulos en azulejo de fondo amarillo, letras y marco verdes; y las puertas de fondo verde y los marcos en verde oscuro.
El hijo mayor, Manuel de Diego Lora, tomará el comercio, y al mismo tiempo estudiará música, titulándose en el Conservatorio de Música y Declamación de Cádiz (1934), impartirá clases de piano, fundará junto a Luis Romero el Orfeón de Santa Cecilia (1943) donde ejercerá como pianista, organista, subdirector y director. La Ciudad de Sanlúcar en 1986 dará su nombre a una de sus calles, reconociendo así su labor musical. Tras su jubilación y la de su mujer, Caridad Rodríguez, sus hijas –Caridad y Rosario- llevarán el negocio de los Lora: la cuarta generación; y su hijo José Manuel de Diego proseguirá su vocación musical desde el Conservatorio de Música de Sevilla, donde es profesor.
El menor de Rosario Lora, Carmelo de Diego Lora, accedió a la Universidad, ejerció como Magistrado, y después de abrazar el sacerdocio, se especializó en Derecho Canónico, siendo experto reconocido internacionalmente.